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Opinión | EDITORIAL

Revés al PP que no quiere a Vox

Juan Manuel Moreno Bonilla se ha quedado a dos escaños de la mayoría absoluta después de perder cinco diputados respecto a los comicios de 2022. Si hace cuatro años, los restos en las ocho provincias andaluzas le fueron favorables, este domingo la irrupción de Adelante Andalucía le impedirá prescindir del apoyo de otras formaciones para formar gobierno a no ser que cumpla su advertencia de repetir elecciones si necesitaba el apoyo de Vox en determinadas condiciones.

No es fácil analizar este contratiempo. El líder del PP en Andalucía ha gobernado con vocación de servir a todos los andaluces, con pragmatismo y sin absurdas batallas culturales. En cuatro años al frente de la Junta, su peor momento fue la crisis por los errores en los cribados de cáncer de mama, pero ha mantenido una apuesta por el progreso económico sin diezmar la sanidad y la educación. Y se ha caracterizado por exhibir lealtad institucional con el Gobierno de España, como en el caso del accidente ferroviario de Adamuz. Pero se ha dejado un 1,5% de los votos, poco tras ocho años de presidente, pero suficiente para que el incremento de la participación, capitalizado por la izquierda andalucista, le haya dejado a dos escaños de la mayoría absoluta.

Vox tampoco ha tenido un buen resultado, y como ya ocurrió en Castilla y León, ha tocado techo muy lejos de ese 20% que acarició en algunas encuestas. El desgaste de Moreno no ha ido a favor de sus tesis estrambóticas como la llamada «prioridad nacional». Pero al finalizar el recuento, trasmitió esa sensación de tener en sus manos a su pieza más preciada dentro del PP. La maquinaria de propaganda de la Moncloa se apresuró a poner la gobernabilidad de Andalucía en manos de Vox. Pero desde posiciones de radicalidad democrática hay que recordar que, como en el resto de comunidades autónomas donde se han celebrado elecciones en los últimos meses, aquí también sería aritméticamente viable que una abstención de los socialistas alejase a los de Abascal de las instituciones. Aunque sea políticamente incorrecto recordarlo.

Como en Extremadura, el partido socialista debe analizar con detenimiento su deriva en las autonomías que habían sido sus graneros principales de votos desde la recuperación de la democracia. Los retos del PSOE andaluz ante estas elecciones no se solucionaban solo por poner a María Jesús Montero de candidata. Y tampoco se van a solucionar mágicamente por asignarle las culpas de los peores resultados de la historia. La política de bloques que ha servido a Pedro Sánchez para mantenerse en la Moncloa, está claro que no sirve para ganar las elecciones autonómicas allí donde se han celebrado.

El escrutinio andaluz no permite muchos paliativos para interpretar los resultados socialistas, por mucho que el crecimiento de la izquierda andalucista, muy refractaria a pactar con el PSOE, alimente el espejismo de que la unidad de ese espacio político puede revertir la mayoría de PP y Vox en unas elecciones generales por la misma dinámica de restos que se produjo ayer. Ocultar esta realidad no es más que una manera de dar patada hacia adelante a una dinámica que el día que Sánchez tenga que abandonar democráticamente el Gobierno, se puede llevar por delante a uno de los partidos vertebradores de la democracia en España. Que a Feijóo no le haya ido tampoco bien, no soluciona ningún problema a los votantes.

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