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Opinión | RECONTRA

No es turistofobia

En España hemos alcanzado un nivel de modernidad extraordinario: nuestros jóvenes ya no sueñan con comprarse una vivienda, ahora solo necesitan encontrar una habitación sin humedad por menos de 700 euros al mes. Mientras tanto, en las zonas más atractivas del país, siguen aterrizando compradores extranjeros dispuestos a pagar medio millón de euros por apartamentos que se usarán quince días al año y que el resto del tiempo contemplarán el mar vacíos y en silencio.

Entre los especialistas en estos temas ha surgido la teoría de que estos compradores deberían ayudar a financiar vivienda asequible para los jóvenes españoles. Una teoría revolucionaria, aunque en realidad solo consiste en aplicar un poco de lógica. Si la llegada masiva de capital extranjero dispara los precios y expulsa a la población local, quizá sería razonable que parte de ese dinero sirviera para algo más que para encarecer cafeterías y convertir barrios en parques temáticos.

Nadie propone prohibir la inversión extranjera. Dios me libre. España necesita turistas, inversores y jubilados europeos. Pero sería interesante conservar españoles viviendo en España. Un detalle menor. Por eso, medidas como impuestos específicos a compradores no residentes o compensaciones urbanísticas destinadas a vivienda pública tienen sentido. Si alguien puede pagar un millón por una villa que no sea residencia permanente, probablemente sobrevivirá a una pequeña contribución para que un joven trabajador pueda aspirar, al menos, a independizarse antes de jubilarse.

Urbanista

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