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Opinión | MIRADA ABIERTA

Para siempre

El pasado jueves se acordó la distribución de recursos del Plan Estatal de Vivienda entre el ministerio y las comunidades autónomas, lo que supone un paso importante para su efectiva puesta en marcha en la Comunitat Valenciana. En una materia tan sensible como el acceso a la vivienda, disponer de financiación cierta es fundamental para obtener resultados tangibles.

Junto a ese impulso financiero, el nuevo plan incorpora un cambio de paradigma relevante: la permanencia indefinida de la calificación protegida de las viviendas financiadas con recursos públicos. En otras palabras, viviendas asequibles para siempre.

Hasta ahora, muchas viviendas protegidas, transcurrido un determinado plazo, abandonaban ese régimen y pasaban al mercado libre. El esfuerzo público realizado con las ayudas beneficiaba solo a una generación concreta. El nuevo enfoque permite algo mucho más valioso: consolidar un parque creciente de vivienda asequible, capaz de seguir atendiendo las necesidades residenciales de las familias actuales y de las futuras. La vivienda protegida pasa a convertirse en una infraestructura social permanente.

Los datos de la Comunitat Valenciana ilustran con claridad la magnitud del reto. En 2024 había 40.998 familias registradas como demandantes de vivienda protegida. Frente a esa necesidad, en 2023 se incorporaron 274 viviendas protegidas y salieron del sistema 5.615; en 2024, 742 nuevas frente a 6.899 bajas. En apenas dos años, 12.514 viviendas dejaron de formar parte del parque asequible, lo que equivale a miles de viviendas que dejaron de estar al alcance de familias que necesitan un techo a precio protegido.

La ciudadanía financia estas políticas con sus impuestos. Por ello, cada euro destinado a vivienda debe contribuir a generar un patrimonio habitacional duradero al servicio del interés general. La trascendencia de este cambio reside precisamente ahí: en comenzar a construir un parque estable de viviendas asequibles que preserve su función social con el paso del tiempo. Porque la ambición colectiva debe medirse en generaciones.

Economista

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