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Opinión | A quemarropa

Ya llega el calor

Ya llega el calor, queridos lectores, ya llega. El verano está a la vuelta de la esquina. Y con él llegará a esta bendita tierra el insoportable calor, pegajoso, ulcerante e incluso urticante. Llegarán los picores de piel, las alergias dermatológicas y demás. No es una buena época para quienes sufrimos estas patologías.

Las piscinas, el agua del mar o los ríos nos ayudarán a sobrellevar el estío, pero solo a eso, a sobrellevarlo. Las prendas de algodón son un refugio al que regresar, siempre. El lino, por el contrario, es un enemigo letal. Me dan mucha envidia quienes pueden llevar unos pantalones de lino, o una camisa, tan linda ella, sin que la piel se les ponga del color rojo de la sangre. Y lo mismo digo de las prendas de fibra. ¡Madre del amor hermoso!

Quienes padecemos dermatitis atópica solo hallamos consuelo en el algodón. Y si es a estrenar, mejor que mejor. Cuando llega el verano acudo a una gran superficie que todos conocemos y me compro veinte o treinta camisetas de algodón. Blancas, azules, rojas, verdes, amarillas… Así, cada temporada. Se trata de una rutina. Casi de un rito.

Ya llega el calor, el sudor, el olor… A veces se hace insoportable compartir ascensor con según qué gente. O autobús. O taxi. Qué les tengo que decir que ustedes no sepan, ¿verdad? Todos lo sufrimos, al menos una vez por temporada.

Ya llega el calor, y con él, las quemaduras solares. Por mucha crema solar que te pongas, te vas a quemar. Lo dice Murphy. Si vas a la playa, porque vas a la playa. Si sales a pasear, porque sales a pasear. Y si vas en bici, porque vas en bici.

En fin, ya llega el calor.

* Pablo Sebastiá es escritor

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