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Opinión | BABOR Y ESTRIBOR

Nos queda la UCO

«Nunca he tenido apego al cargo», dijo Pedro Sánchez en carta dirigida a los sufridos compatriotas (texto digno de un congreso de psiquiatría) el día que decidió desaparecer para reflexionar sobre su futuro, zaherido por la investigación judicial a la esposa, Begoña Gómez; ahora a punto de sentarse en el banquillo. Acabamos de saber que en aquellos momentos críticos el jefe del Gobierno poseído por la ira gritó a los cuates: «¡Sacadla de ahí», en referencia al empapelamiento de Begoña. El equipo de asalto, da rubor reproducir todos los nombres, quedó capitaneado por el cultivado estratega de solvente currículo intelectual y probada honradez, ínclito Santos Cerdán. Tras cinco días de maduración del escrito de la desvergüenza, Pedro regresó revitalizado con infame puesta en escena, incluida la impropia visita al Rey. Dos años después todo ha ido a peor en el abyecto ecosistema sanchista. La banda criminal dispuesta a liberar a Begoña está desarticulada y la falaz definición propagandística máquina del fango se ha vuelto implacable boomerang contra quienes la acuñaron. La involución, no por cutre menor, ha estado manufacturada desde Ferraz y Moncloa (sigue siendo nuclear el papel de RTVE) en la antítesis de lo que debe constituir la más sagrada praxis de una democracia liberal. Vomitivo.

La catarata de acontecimientos con visos delictivos y antidemocráticos resulta abrumadora. Aún así, Pedro aguantará hasta que lo echen. Ya lo anunció desde el Vaticano mofándose de los españoles. Por suerte, nos queda la UCO.

Periodista y escritor

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