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Opinión | A QUEMARROPA

Zapatero 2026

La semana pasada, ante la insistencia de alguno de mis seguidores en redes sociales, expliqué por qué no pienso hablar del caso Zapatero. Hoy insistiré aquí. Ya escribí todo lo que tenía que escribir sobre ese oscuro personaje, entonces de opereta y hoy de película de terror, durante su segundo mandato presidencial. Y no fue sencillo. Fueron tiempos difíciles, muy difíciles, para defender ideas racionales en Facebook.

Ya escribí todo lo que tenía que escribir sobre ese oscuro personaje durante su segundo mandato presidencial

Los tontos útiles; los enchufados de café, copa y puro; los que se veían a sí mismos como reguladores de la verdad, pero que en realidad no eran más que censores de nuevo cuño, se habían apropiado de las redes. Solo su voz era válida, creían, y cuando alguien, como era mi caso, se salía del carril, o no compartía el pensamiento Alicia ni se creía las bondades del primer movimiento mesiánico del socialismo patrio, era estigmatizado, arrinconado, presionado e insultado por los citados tontos útiles. Los mismos que hoy están sufriendo de lo lindo para sacar sus lenguas, llenas de excrecencias de dudosa procedencia, del esfínter del movimiento de la ceja.

Cuando alguien, como era mi caso, no se creía las bondades del primer movimiento mesiánico del socialismo patrio, era insultado por los tontos útiles

Ya hablé de ZP entonces. Ahora que tome el relevo gente más joven y con ganas de enfrentarse a los matones de turno. Que escriban otros sobre ese prócer de la indignidad política y la mendicidad intelectual. Permitan que, pasadas las cincuenta primaveras, me limite a mi papel de espectador y, como mucho, analista de lo obvio. Dejen que me limite a ver cómo se convierten en estatuas de sal todos aquellos que dudan y se vuelven hacia Sodoma, para ver si en verdad arde.

*Pablo Sebastiá es escritor

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