Opinión | EL TURNO
Por un instante
Solo por un instante, después de apagar el televisor tras ver los informativos de la noche y cuando el ruido del día ya se apagaba en las calles de Burriana, he de reconocer que flaqueó mi confianza en la política. Por suerte, recordé que el servicio público no busca el aplauso, sino que nuestros vecinos vivan un poquito mejor cada día.
La política, la de verdad, no se escribe con grandes letras ni se alimenta de la vanidad del poder y no debería mancharla ningún chorizo, del partido que sea. Por mucha bajeza y falta de moral de unos pocos, el servicio público no puede resumirse por los que se han lucrado mientras moría gente en pandemia, o por los que dedicaron recursos públicos a mujeres de compañía mientras daban lecciones de feminismo.
La política es renuncia, pausar la profesión que costó años construir, postergar los abrazos de los hijos que crecen demasiado rápido y aprender a conjugar el verbo compartir con lo más valioso, nuestro tiempo. Quien decide dar el paso y asumir la gestión de lo común, no lo hace por un salario o un estatus; lo hace movido por una convicción que une su destino al de cada uno de sus vecinos. Es un trabajo temporal por mejorar la ciudad que te vio crecer, desgasta pero llena de sentido la existencia.
Por eso, resulta doloroso ver cómo la sombra de la corrupción pretende oscurecer la labor de tantos hombres y mujeres honrados. Los supuestos casos de corrupción de las personas que rodean al gobierno no deben bajo ningún concepto, manchar el nombre ni la entrega de la inmensa mayoría de los servidores públicos. No es justo que el lodo de unos pocos ensucie el esfuerzo de quienes abandonan legítimamente su actividad profesional para volcarse, en cuerpo y alma, en el interés general.
No todo vale en política. Frente a la codicia de los que se sirven de las instituciones, nos alzamos la inmensa mayoría que entendemos la política como una vocación de servicio, un altar de sacrificios personales en beneficio del bienestar colectivo.
Gran parte de concejales y alcaldes de nuestra provincia ni cobran un sueldo por su trabajo; lo hacen, simplemente, por la satisfacción de mejorar sus pequeños pueblos. En estos días en los que el núcleo duro del sanchismo entra y sale de los juzgados, por un instante casi se me olvida el verdadero motivo por el que estoy aquí. Y mi razón de ser no es otra que ver cómo avanzan las obras del IES Jaume I, el Centro de Salud o la depuradora, la restauración de nuestros edificios históricos y una larga lista de objetivos por los que nos estamos dejando la piel cada día de esta legislatura para hacer de Burriana un lugar mejor.
Alcalde de Burriana
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