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Opinión | LA RUEDA

Las palabras que no se lleva el viento

Nos habíamos prometido no hablar más de la visita del Papa a nuestro país porque ya lo hemos hecho en varias ocasiones, aunque su denso mensaje da para mucho. Pero, no obstante, sus palabras, que no se lleva el viento, invitan a la reflexión sobre diversos aspectos humanos y no nos resistimos a recordarlas aunque sea en nuestra recoleta intimidad.

Me resultó impactante la referencia a la dignidad, cualidad propia de la condición humana de la que, sin duda, emanan los derechos fundamentales, junto al desarrollo de la personalidad. Por ello merece el respeto esencial. El hombre no es, como apunta jocosamente el filósofo catalán, Muñoz Redón, un mico que lleva gafas de sol… y tropieza. Ni tampoco como decía con análogo tono el genial Salvador Dalí, el hombre no viene del mono, sino que cada día se parece más a él. La dignidad humana es algo inherente al hombre. Son muchos, bastantes, los que dejaron su país para instalarse en otro y así formar nuevas familias de migrantes.

Si analizamos someramente somos muchos los que, generación tras generación, hemos migrado. No obstante, la problemática es compleja y la solución nada fácil. Por eso hay que abordarla con justicia y caridad, sin alharacas, pero con rigor. Es un problema difícil, pero de sensata e indemorable resolución. «Averígüelo, Vargas», decía Isabel la Católica a su fiel secretario cuando la cuestión parecía desbordar las perspectivas. La solución exige ocupación y estudio profundo. No es moco de pavo, pero hay que abordarla sin demora.

Las palabras se las lleva el viento, pero en este caso ni el huracán es capaz de cesar la tormenta. No podemos eludir su creciente efecto ni negar su existencia.

Profesor y Valencià de l'Any 2025

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