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Opinión | LA VENTANA DEL CEU

¿Operación bikini o belleza interior?

A las puertas del verano se ve mucha gente estresada poniéndose a punto para poder desfilar con éxito por lo bulevares estivales. Gimnasios, escuelas de pilates, circuitos urbanos de calistenia y beauty center han colgado el cartel de aforo completo. Notamos acelerones de jóvenes y adultos quemando grasas y ajustando dietas para el encaje perfecto en bikinis, tangas y bañadores. Objetivo final: fascinar al graderío de espectadores de playas, piscinas, y salas de fiesta; competir por la máxima puntuación en el contorneo musical del verano y en el postureo de entrada al agua. Mucha gente no va a llegar tiempo, ni falta que hace.

Ahora situémonos en la otra orilla de la belleza: la interior. Si crees que tras el chupinazo del verano te ves incapaz, por vergüenza, de pasear por la playa el cuerpo que tienes y el que eres, entonces tienes un problema que trasciende tu anatomía. Si te machacas la cabeza por no encajar en el desfile glamuroso de las piscinas y salas de fiesta, el conflicto es grave porque supera lo físico. Míratelo bien: tu autoestima está en serio peligro si la sometes únicamente a tu imagen corporal y la dejas en manos de la mirada de los demás. Rompe el hechizo de esa belleza fantasma que te deja fracasada por no ajustarte al top model veraniego. No te sientas culpable de tu originalidad corporal ni caigas en la trampa de tener que parecerte a socorristas esculpidos ni a las nuevas Helenas de Troya.

Hemos de ponernos nuestra propia vida como vestido, porque nuestra vida con su cuerpo es el mejor de los vestidos, el más hermoso de todos, siempre nuevo e irrepetible, a través del cual soy yo mismo y no lo que quieran los demás que sea. Mírate con los ojos de las personas que más te quieren, aunque de momento solo sea tu madre, y la encantadora vecina del quinto que siempre te recuerda lo bien que estás aunque tengas algún kilo de más, te estés quedando calvo o hayan aparecido las primeras patas de gallo. Convéncete de que nunca haces el ridículo cuando tu realidad corporal es la que tienes y la que ves con tus propios ojos. Cuídate sin obsesionarte.

Todos sabemos que lo que más sube la autoestima no es que te digan «¡Guau, menudo cuerpo tienes!», ni que inflen a likes tu último posado playero. El mayor subidón dopaminérgico se experimenta cuando te dicen a la cara que te aman tal como eres y te declaran, mirándote a los ojos, que el mundo sería peor sin tí porque tú lo has embellecido por el solo hecho de existir en él. La belleza está en el ojo del que mira y el amor es el mejor embellecedor. Y lo más enloquecedor es cuando te aseguran que tú, por ser tú, eres mucho más bonita que tu piel y la forma de tu cuerpo, aunque nunca vayan a seleccionarte para la Casita de Bad Bunny, ni estamparte en una portada de Vogue. Ni falta que te hace para poder hacer las cosas grandes en la vida con las que has soñado para cambiar el mundo y hacer feliz a los demás.

Entonces ¿operación bikini o belleza interior?

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