Opinión | VIVIR ES SER OTRO
El sur y el sur
Ya dijo el viejo filósofo griego Sócrates (no el futbolista brasileño, casi tan genial en lo suyo como el otro) aquello de que cuanto más se sabe de algo, se es más consciente de la propia ignorancia. Me pasa a menudo en la literatura, mi gran afición (sí, por encima del fútbol): a medida que van pasando los libros, comprendo que moriré sin haber leído montones de novelas que a buen seguro me resultarían magníficas. En verdad, causa placer seguir descubriendo a estas alturas obras espléndidas escritas hace años. Uno jamás quiere perder la capacidad de asombro.
Acaba de pasarme otra vez con una novela, con una autora y, para redondear la cuestión, con una película. Había oído hablar en buenos términos de El sur, la obra quizá más conocida de Adelaida García Morales, escritora de éxito en unos ochenta que me pillaron demasiado joven para su tipo de literatura. También resonaba en mi mente la película homónima de Víctor Erice como una delicatessen.
Dirijo el club literario La Farola, donde organizo cada mes la lectura conjunta de un libro, casi siempre algo que ya he catado con anterioridad. Este mes, a ciegas, propuse arriba citada. A la hora de escribir estas palabras no sé cómo ha sentado a mis compañeros, pero a mí me ha impresionado. Sé, eso sí, que habrá quejas porque otra vez el libro es de una tristeza punzante, pero ya me conocen y espero que lo acepten. Las cualidades literarias de la novela lo merecen. Me queda aún por leer Bene, que también se integra en la sesión de este mes, ya que ambas narraciones son cortísimas.
Resulta curioso ver lo diferentes que son la novela y la película. Ambas poseen una alta catalogación en su ámbito. También las dos nos hablan de los mismos temas en el fondo: la soledad, la incomprensión, las a veces difíciles relaciones entre los humanos, el paso a la madurez, el peso del pasado… Sorprenden los cambios en el film (por ejemplo, los nombres). En cuanto a trama, también se aprecian diferencias sustanciales: destaca la omisión de toda la segunda parte de la breve novela. Se ve que el motivo fue económico, y resulta curioso porque encaja de maravilla y no se echa en falta el excelente remate de la obra escrita. Diría que incluso parece hecho a propósito.
Importa en estas dos obras que, ya digo, en el fondo son la misma, el contexto. Siempre es crucial en una obra de arte. Esa España de los ochenta que nos habla del pasado franquista, en el que los ecos de la guerra civil aún resuenan con contundencia. Adoro el detalle de que la madre de la protagonista sea una maestra represaliada a la que no dejan ejercer la docencia, pero es el padre quien impone su idealismo y no permite que su hija sea educada en instituciones del régimen dictatorial.
La vigencia de esta historia, de todos modos, es universal y atemporal. El pasado y sus efectos, la nostalgia, la mirada infantil a un mundo adulto a veces incomprensible, nuestras decisiones y sus efectos en los demás. Dentro de mil años me atrevo a aventurar que se seguirá hablando de El sur, la novela y también la película. Y si no, mal harán.
Editor de la Pajarita Roja
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