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Opinión | Punto de vista

El hombre sonriente

Hoy les voy a contar una historia corta y simple, pero ejemplar. Es temprano, me dirijo al despacho con mi coche, vengo por la calle transversal para salir a la calle Mayor, donde giro a la derecha. Los vehículos vienen por la izquierda, así que antes de incorporarme miro con mucho cuidado que no venga nadie y salir sin problema. Así lo hago, pero desde la derecha, en contra de dirección y por la acera viene un patinete. ¡Qué peligrosos son y qué mal regulados están! Lo conduce una persona de origen hispanoamericano, que en verdad cuentan con todas mis simpatías. No llegó a golpearse conmigo, pero estuvo a un pelo. Algo molesto y cabreado, bajo la ventana de la derecha. Mi actitud diría que no era buena pensando que viene lío. El conductor del patinete se dirige a la misma, se apoya, me da los buenos días con mucha educación y trata de explicarse, realmente sin razón. Sin embargo contesto no muy amablemente y le digo que no quiero discutir. El hombre me mira, me sonríe y se ve que lo hace con autenticidad; me desea un buen día. Me desarma por completo. Le devuelvo el deseo y hace que me sienta bien, cambio de actitud y le sonrío, estoy a gusto. Me doy cuenta de lo absurdo de discusiones que no llevan a ningún sitio. Y sobre todo de las salidas de tono, en especial con agresividad, que te amargan el día. Cuanto mejor sentirse bien y estar relajado. Aquel hombre sencillo me dio una lección, que le agradezco y que me ayudará en mi evolución personal. Si lee esto le doy las gracias, y si no, también, porque su actitud vital las merece. Que sea feliz.

* Joaquín Serrano es notario y doctor en Derecho

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