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Opinión | LA RUEDA

De terremotos

Estos días nos acostamos con las noticias de los terremotos ocurridos en Venezuela y vuelvo a rememorar la experiencia que tuve en un país centroamericano hace ahora alrededor de 20 años con un sismo que sufrí allí y que jamás olvidaré.

No es lo mismo leer una noticia y lamentarte por lo ocurrido, que haber tenido una experiencia personal. Yo había ido allí requerido por el rector de una universidad para impartir un par de conferencias. El tema me venía sugerido por un artículo publicado por mí en una revista científica de aquellos países, y se me aceptó: La muerte.

Tras la presentación como ponente, me puse a hablar. No habían transcurrido 15 minutos, cuando me sobrevino una especie de vahído, cayó el atril con los papeles, mis pies se balancearon, la gente se levantó de sus sillas, gritos en el salón y el rector, experto en estos fenómenos, intervino para calmar al público y organizar las medidas de precaución. Un caos impresionante: era un terremoto (después se supo) de más de seis grados en la antigua escala de Richter. Yo, como todo el mundo, había oído hablar de los temblores, de los terremotos, de las placas tectónicas, etc., pero jamás lo había sentido en mi propio ser. Allí solo presencié la muerte de una persona mayor y algún herido.

La cosa se serenó un poco, acosada siempre con la llegada de la réplica, que se produjo a la mañana siguiente, cuando yo tuve la suerte de poder salir en el vuelo que me devolvía a España. Una liberación.

Ahora, con las imágenes de la televisión y la prensa he vuelvo a revivir antiguas escenas y pensar angustiosamente en el sufrimiento que los pobres venezolanos están afrontando. Como otros muchos más en el mundo y por otra razones.

Profesor y Valencià de l'Any 2025

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