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Opinión | Tribuna sindical

Antonio Inarejos

Antonio Inarejos

Secretario de Acción Sindical, Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO PV

La planta de amoniaco verde: ¿una oportunidad estratégica para quién?

El despertador sonó a las seis de la mañana. Para Ina, era un día de esos en los que el estómago se aprieta por una mezcla de nervios y alivio. Por fin, después de meses de búsqueda de empleo, empezaba a trabajar en el Polígono del Serrallo, en Castelló. Subió al coche y se incorporó al denso flujo de personas trabajadoras que, a esa misma hora, colapsaban los accesos.

Fue al llegar a la rotonda de entrada cuando se le cayó el alma a los pies. «Vaya tela lo que hay aquí montado», pensó, mirando las imponentes torres y chimeneas de las centrales de ciclo combinado, gigantes de metal y fuego. Mientras avanzaba a paso de tortuga, vio pasar un camión de bomberos con las luces apagadas. Un escalofrío le recorrió la espalda: si aquí pasa algo gordo a la hora de la salida, las carreteras se convertirán en el cuello de botella para las emergencias. El núcleo urbano del Grau y de Almassora estaban demasiado cerca, casi encima.

A la hora del almuerzo, Ina buscó el bar de la esquina, un termómetro perfecto del sentir de la zona. Pidió café y un bocadillo. Sobre la barra, un periódico local abierto mostraba el llamativo titular «Planta Industrial de Producción y Almacenamiento de Amoníaco Verde». Al principio le sonó bien por la palabra «verde», pero a medida que fue avanzando en la lectura, el café se le empezó a enfriar.

El texto recogía el posicionamiento de Comisiones Obreras del País Valencià (CCOO PV), que aclaraba que no se trataba de una plantita de hidrógeno, sino de un monstruo que pretendía levantar dos depósitos con un volumen total de 91.000 m³, casi 56.000 toneladas, de amoníaco, una sustancia altamente tóxica, cáustica e inflamable. El sindicato denunciaba que el proyecto no analizaba adecuadamente el riesgo de explosión e incendio, alertando sobre el "efecto multiplicador": las tuberías cruzarían el polígono rozando los depósitos de petróleo y las térmicas. Una sola chispa, y la reacción en cadena podría borrar del mapa el polígono entero. 

Ina dio un sorbo al café, sintiendo una profunda contradicción. ¿Quién gana con esto? ¿Conocerán los bomberos los riesgos que se cuecen dentro de las empresas? Nos dicen que es una «oportunidad estratégica», pero el amoníaco se va a exportar directamente a puertos europeos, no se queda aquí. Nos dejan el peligro diario y los beneficios se van fuera. Y para colmo, 4 millones de metros cúbicos al año de salmuera y aguas sucias vertidas al puerto, amenazando las praderas de posidonia a solo 850 metros y la Red Natura 2000 en las Islas Columbretes.

Ina dobló el periódico y pagó. El sindicato exigía cosas sensatas: evaluaciones de impacto ambiental rigurosas, respeto al urbanismo, empleo de calidad, a la vez que denunciaba una planificación territorial descontrolada. Volvió a su puesto ajustándose el casco, recordando la frase de CCOO PV: «La economía debe estar al servicio de las personas. Un proyecto solo es verdaderamente estratégico si garantiza que el entorno laboral y los núcleos urbanos colindantes están más seguros que ayer».

* Antonio Inarejos es secretario de Acción Sindical, Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO PV

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