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Opinión | BABOR Y ESTRIBOR

Miguel Ángel, desconocido

Miguel Ángel Blanco es un desconocido entre las generaciones de jóvenes españoles que patentizan su ignorancia sobre la banda terrorista ETA. El dato no es nuevo, ya son años de reafirmación de tan triste realidad en paulatina consolidación a lo largo de la última década. Todo un éxito del mundo criminal etarra cuyo gerifalte ideológico, Arnaldo Otegi, es sostén notable del Gobierno de Pedro Sánchez. Para aquellos lectores (aunque solo llegue a uno estas líneas estarán justificadas), desconocedores de la infame realidad empeñada en acabar con la democracia española sembrando de sangre y dolor el territorio nacional, es de justicia recordar que Miguel Ángel Blanco era un concejal del PP de Ermua secuestrado y asesinado por un comando de la ETA, grupo mafioso amparado en no pocas sacristías del País Vasco, como magistralmente cincela Fernando Aramburu en la monumental novela Patria, usando la figura del canalla cura don Serapio.

Para mejor comprensión de cuantos dicen desconocer a la víctima de ETA convertida en dramático icono, dadas las circunstancias del que podría haber sido un asesinato más de los etarras, reproduzco el encabezamiento de la carta enviada en 2020 a los medios de comunicación desde la Fundación que lleva su nombre: «Queridos jóvenes: Miguel Ángel Blanco tenía 29 años cuando fue secuestrado el 10 de julio de 1997, había nacido en Ermua, se había licenciado en Económicas, le gustaba la música, tocaba la batería en un grupo, tenía familia: su madre Consuelo Garrido y su padre Miguel Blanco, y una hermana menor, Marimar. Miguel Ángel se sentía vasco y español en una tierra en la que por sentirte vasco y español podían asesinarte». Desde el mismo instante del secuestro y ultimátum de los carniceros de la capucha el conjunto de la sociedad española, con la vasca a la cabeza, salió a la calle masivamente pidiendo la liberación del edil popular. Fueron dos días de conmoción colectiva anidando la esperanza de un feliz desenlace, ante la reacción unánime de toda una nación. La mala saña triunfó y en la tarde del 12 de julio Miguel Ángel fue hallado moribundo, con las manos atadas, en un paraje de Lasarte; poco después fallecía en el hospital.

El sicario Javier García Gaztelu Txapote fue el despiadado ejecutor, descerrajando dos tiros de pistola en la cabeza. Txapote sigue siendo una alimaña ahíta de sangre, tras su detención y condena a trescientos años de cárcel jamás ha mostrado arrepentimiento ni pedido perdón. Muy al contrario, hoy mismo estaría dispuesto a volver al crimen organizado de ETA. Un psicópata condenado por participar en asesinatos como el de Gregorio Ordóñez, candidato del PP a la alcaldía de San Sebastián y del histórico socialista Fernando Múgica, entre otros. Al igual que colegas etarras dispuestos a volver a las armas, en 2022 Txapote fue trasladado desde la prisión madrileña de Estremera al centro penitenciario de Álava, beneficiándose del pacto de acercamiento de presos de ETA sellado entre Sánchez y Otegi. Me quedo con las palabras de Marimar Blanco: «ETA no ha sido vencida ni social ni políticamente».

Periodista y escritor

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