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Opinión | EDITORIAL

El alquiler entra en zona crítica

La tensión que vive el mercado del alquiler en Castellón alcanza una dimensión que ni por asomo hubiéramos pensado que llegaríamos hace unos pocos años. Encontrar una vivienda en arrendamiento se ha convertido en una auténtica carrera de fondo en la que decenas de personas compiten por una misma oportunidad. Cuando cada piso disponible concentra una media de 43 aspirantes en apenas diez días, como ha publicado este medio, el problema deja de ser exclusivamente inmobiliario para convertirse en una cuestión social de gran calado y con consecuencias cada vez más evidentes.

Los datos reflejan una evolución que invita a la reflexión. En solo cuatro años la demanda en la provincia se ha multiplicado por cuatro, mientras que el precio medio del alquiler no ha dejado de aumentar hasta situarse muy por encima del registrado hace un lustro. La presión sobre el mercado crece a un ritmo que supera con creces la capacidad de respuesta de la oferta, provocando un desequilibrio que penaliza especialmente a quienes buscan acceder a su primera vivienda, a las familias con menor capacidad económica o a quienes necesitan trasladarse por motivos laborales.

La raíz del problema resulta conocida y ya la hemos venido analizando en estas mismas páginas. El número de viviendas disponibles para alquilar se ha reducido de manera muy significativa desde antes de la pandemia, hasta el punto de desaparecer una de cada tres del mercado. Esa contracción ha generado un escenario en el que cualquier inmueble encuentra rápidamente decenas de candidatos, consolidando una competencia que no deja de intensificarse y que termina repercutiendo tanto en los precios como en las condiciones que deben asumir los inquilinos.

Es cierto que durante los primeros meses de este año se aprecia un ligero repunte de la oferta, con algo más de un centenar de viviendas incorporadas al mercado. Cómo no, la noticia merece ser valorada porque rompe una tendencia descendente que parecía no tener fin, aunque conviene no sobredimensionar su alcance. Castellón continúa muy lejos de recuperar el volumen de viviendas en alquiler que existía antes del covid y ese pequeño avance resulta insuficiente para aliviar una presión que sigue marcando máximos históricos. Conviene asumir que no existen soluciones inmediatas para un problema que lleva años gestándose. Sin embargo, también resulta evidente que mantener la situación actual solo contribuirá a agravarla. Incrementar el parque de vivienda disponible, favorecer la construcción de inmuebles destinados al alquiler, movilizar viviendas vacías y generar un marco de estabilidad que ofrezca confianza tanto a propietarios como a inquilinos forman parte de una misma ecuación. Apostar únicamente por medidas que actúan sobre los efectos, sin intervenir sobre la causa principal, difícilmente permitirá corregir el desequilibrio.

La vivienda constituye uno de los pilares sobre los que se sostiene el desarrollo económico y la cohesión social de cualquier territorio. Cuando acceder a un alquiler es una tarea casi imposible, las dificultades trascienden el ámbito residencial y afectan a la emancipación de los jóvenes, a la fijación de población, a la movilidad laboral e incluso a la capacidad de las empresas para captar profesionales. Castellón necesita recuperar un mercado del alquiler más equilibrado y accesible, porque solo aumentando la oferta será posible rebajar una tensión que ya se nos está haciendo insoportable.

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