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Opinión | A QUEMARROPA

Banderitas españolas

Los vecinos de Castellón, Benicàssim, Vila-real, Benicarló y tantos y tantos municipios (hasta 135) de esta bendita provincia presumen de españolidad durante estos días, ante el fantástico mundial que ha hecho la selección de fútbol. Los balcones de cientos de apartamentos y pisos, o los jardines de un buen puñado de villas, chalés y adosados muestran con orgullo la bandera española. Hay quien, tras comprarla en el bazar chino de turno, la plancha y arregla un poco y quien la expone directamente con sus cuadrículas arrugadas. Cada cual a su manera. Poco importa eso.

El caso es que, queridos lectores, desde que Pau Gasol y compañía ganaron el primer mundial de baloncesto, hace ya tantos años, los votantes hemos descubierto que hay momentos fantásticos para presumir de la citada españolidad. Ya que en el día de la hispanidad corres el riesgo de que te quemen el botón del interfono si sacas la bandera al balcón, ya que el día de la Constitución pasa lo mismo, ya que en las fiestas patronales ocurre tres cuartos de lo mismo, se ve como una oportunidad democrática lucir bandera en los eventos deportivos. Y se hace. Vaya si se hace.

No sé qué pasará esta noche. Pero, más allá de la inmensa alegría que nos produciría, a casi todos, el triunfo de la selección, ya hemos ganado. Ya lo hemos hecho porque llegar a esta final era casi imposible. Porque Luis de la Fuente nos ha enseñado que con trabajo bien hecho y esfuerzo se logran los objetivos. Y porque, una vez más, con orgullo, los vecinos y votantes hemos podido lucir nuestra bandera. El que ha querido, lo ha hecho. El que no ha querido, no lo ha hecho. Y ya está.

Normalidad.

Escritor

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