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Opinión | RECONTRA

¡Viva China!

El 18 de julio pasado mi padre habría cumplido 90 años. Nació el mismo día en que comenzó el golpe de Estado de 1936, el que desencadenó la Guerra Civil. Durante 42 años vivió bajo el régimen aplicado a los perdedores, pero aun así fue feliz, creo. Noventa años después, resulta inquietante comprobar que vuelve a haber quien mira con nostalgia al dictador de la vocecilla chillona y el puño de hierro, como si la memoria fuera un accesorio prescindible. Sin embargo, lo más desconcertante me ocurrió ayer, en una comida con amigos y nuestros hijos, ya adultos. Yo diría que todos los que estaban allí eran apolíticos (es decir, de derechas), y surgió el debate entre libertad y seguridad. Ellos defendían un mundo con cámaras cada diez metros, controles biométricos, desaparición del dinero en efectivo y vigilancia permanente. Todo sea por la seguridad. «Al fin y al cabo no tengo nada que ocultar», decía una madre.

Me salió del alma y dije: «¡Anda, como en China! A ver si resulta que sois comunistas». No lo eran, ni mucho menos. Siguieron defendiendo su tesis con absoluta convicción. Y ahí comprendí que el problema ya no es la ideología. Da igual si el Gran Hermano lleva gorra maoísta, uniforme fascista o traje de ejecutivo tecnológico. Lo verdaderamente preocupante es la naturalidad con la que una generación nacida en democracia está dispuesta a entregar parcelas de libertad a cambio de una sensación de protección. ¡Si mi padre levantara la cabeza! La historia no siempre se repite. A veces simplemente cambia de uniforme... y de aplicación móvil.

Urbanista

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