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Opinión | A FONDO

Las vidas, primero

Vivimos tiempos de una enorme polarización política. Tiempos en los que parece que algunos viven obsesionados por la fotografía, el titular fácil o determinadas ocurrencias destinadas únicamente a captar la atención. Mientras tanto, hay una parte de la política mucho menos visible, pero infinitamente más importante.

Muchas personas me preguntan cómo es realmente el día a día de un alcalde. Piensan que consiste en inaugurar obras, asistir a actos o anunciar proyectos. La realidad es muy distinta. La mayor parte del trabajo consiste en afrontar problemas difíciles y poco visibles. Hay actuaciones que generan titulares y otras que apenas despiertan interés, aunque pueden salvar vidas, proteger el patrimonio de las personas y preservar nuestro entorno. Para mí, esas son las verdaderamente importantes.

Un Ayuntamiento interviene en todo aquello que afecta al espacio compartido en el que vivimos. Lo hace porque la ley le atribuye competencias en materia de seguridad, protección civil, salubridad, disciplina urbanística o protección ambiental, pero también porque, muchas veces, otras administraciones no actúan o algunos particulares incumplen obligaciones básicas destinadas a evitar riesgos.

El gran problema es que los instrumentos de los que disponemos son, con demasiada frecuencia, demasiado lentos. La falta de personal, una burocracia cada vez más compleja y las garantías de cualquier procedimiento administrativo hacen que actuaciones urgentes puedan demorarse durante meses. Un sistema pensado para proteger derechos acaba dificultando, en ocasiones, que las administraciones respondan con la rapidez que determinadas situaciones exigen. Por eso, este verano hemos decidido actuar de una forma diferente. Las olas de calor, los incendios que estamos viendo en numerosos puntos de España y las advertencias constantes de los servicios de emergencias nos obligan a extremar la prevención. No podemos esperar a que ocurra una desgracia para reaccionar.

Como alcalde tengo la obligación legal, ética y moral de proteger a mis vecinos y vecinas. Por ello he dado instrucciones para poner en marcha un protocolo específico. La Policía Local inspecciona los solares en evidente estado de abandono, elabora un informe con fotografías y requiere a sus propietarios para que procedan a su limpieza en un plazo de cinco días. Quiero dejar clara una cuestión: este mismo protocolo se aplica también a los solares de titularidad municipal. No podemos exigir a los demás aquello que no estamos dispuestos a cumplir nosotros mismos. La ejemplaridad de la Administración debe ser siempre el primer paso. Nuestro objetivo no es recaudar mediante sanciones. Lo que buscamos es evitar tragedias.

Si, tras un requerimiento formal, un propietario decide no actuar y posteriormente se produce un incendio que obliga a desalojar viviendas, moviliza recursos públicos o provoca daños personales o materiales, el Ayuntamiento pondrá a disposición de quien corresponda toda la documentación necesaria. Cuando la gravedad de los hechos o la reiterada desobediencia puedan ir más allá del ámbito administrativo, trasladaremos la información a la Fiscalía de Medio Ambiente para que valore si existen responsabilidades. No se trata de criminalizar a nadie, sino de cumplir con nuestra obligación de proteger el interés general.

No lo digo únicamente como alcalde. Durante 13 años ejercí como abogado especializado en Derecho Penal y responsabilidad civil y llevo 15 años al frente del Ayuntamiento de Vila-real.e visto demasiadas vidas destrozadas por pensar que «no pasará nada». Nunca entenderé que alguien, después de recibir un requerimiento formal para eliminar un peligro evidente, decida mirar hacia otro lado. Ni siquiera debería ser necesario que una administración tuviera que recordar estas obligaciones. Cumplir la ley y mantener una propiedad en condiciones no debería depender de una inspección. Si finalmente ocurre una desgracia, las consecuencias pueden ser irreparables para las víctimas, pero también personales, económicas y jurídicas para quien incumplió su deber.

Hace unos días hablaba con un familiar sobre el mal estado de una fachada. Me respondió que ya la arreglaría y que, además, tenía seguro. Mi respuesta fue muy sencilla: un seguro nunca evita una desgracia. Ninguna póliza devuelve una vida perdida ni elimina el sufrimiento de una familia. Cuando existen advertencias previas, requerimientos formales e inacción, la responsabilidad puede ir más allá de lo que muchos imaginan.

Ojalá llegue el día en que no tengamos que dedicar tiempo, dinero y recursos públicos a recordar a nadie cuáles son sus obligaciones más básicas. Ese día podremos concentrar todos nuestros esfuerzos en seguir construyendo una Vila-real mejor. Mientras tanto, seguiremos actuando. Porque hay decisiones que quizá no den votos, pero sí pueden salvar vidas.

Alcalde de Vila-real

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