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Opinión | LA RUEDA

Yo no soy racista...

Mariano Rajoy nos ha dejado una de sus habituales perlas. Esta vez, en una columna publicada en El Debate, escribió que la selección francesa de fútbol tiene «un altísimo nivel, eso sí, sin franceses». Yo, si pudiera entrevistarle, le preguntaría: ¿Qué demonios significa ser francés? Porque, siguiendo esa lógica, si Kylian Mbappé no es francés, igual Lamine Yamal no es español. Ni millones de personas nacidas en un país cuyos padres o abuelos llegaron de otro lugar.

¿Dónde ponemos la línea? ¿En el color de la piel? ¿En el apellido? ¿En la religión? ¿En si comes cerdo o carne halal? Lo curioso es que este tipo de comentarios casi siempre vienen precedidos por una frase muy reveladora: «Yo no soy racista, pero...».

Es una expresión fascinante. Funciona exactamente igual que: «No quiero ofenderte, pero...». En cuanto la oyes, sabes que lo siguiente va a ser una barbaridad y que va a atacar a alguien. Rajoy ni siquiera necesitó el «pero». No fue un micrófono traicionero ni un lapsus. Lo escribió. Lo releyó. Y lo publicó. Y yo me pregunto: ¿Quién es nadie para decidir quién pertenece a un país y quién no? Mis antepasados llegaron de Italia. Los tuyos probablemente también llegaron de algún otro sitio.

Trump pretende que los hijos de inmigrantes nacidos en EEUU no sean estadounidenses. Curioso, teniendo en cuenta que la madre de sus hijos nació y creció en Eslovenia. Hitler soñaba con una raza aria mientras él mismo no encajaba en ese ideal. La obsesión por decidir quién pertenece y quién no siempre acaba haciendo el ridículo. Así que la próxima vez que alguien empiece una frase diciendo eso de: «Yo no soy racista, pero...», quizá lo más inteligente sea levantarse e irse. Hay cosas que no hay por qué escucharlas ni leerlas.

Periodista

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