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Opinión | A FONDO

Gobernar cuando nadie mira

Vivimos tiempos en los que la política parece medirse por el número de fotografías, de vídeos en redes sociales o de inauguraciones. Da la impresión de que solo existe aquello que se ve. Sin embargo, después de quince años como alcalde de Vila-real, sigo convencido de que las decisiones más importantes rara vez ocupan una portada. Son las que se toman lejos de los focos, cuando toca resolver problemas difíciles, asumir responsabilidades y trabajar para que una ciudad siga avanzando.

Durante los últimos meses muchas personas me han preguntado por qué apenas acudía a actos públicos o por qué mi presencia en las redes sociales había disminuido tanto. La respuesta es sencilla: porque entendía que, en estos momentos, mi obligación estaba en otro lugar. El ayuntamiento de Vila-real ha atravesado probablemente la situación económico-administrativa más compleja desde que asumí la Alcaldía en 2011.

Una auténtica tormenta perfecta provocada por la coincidencia de vacantes en departamentos esenciales, una elevada movilidad de personal, cambios en los criterios de control interno, un presupuesto prorrogado, importantes limitaciones organizativas y tecnológicas y las consecuencias económicas de sentencias derivadas de decisiones urbanísticas adoptadas por los gobiernos municipales del Partido Popular anteriores a 2011. No escribo estas líneas para buscar excusas. Los ciudadanos tienen derecho a exigir que su ayuntamiento funcione. Y tienen razón. Pero también creo que merecen conocer qué ha ocurrido, cuáles han sido las causas y qué hemos hecho para solucionarlo. Después, como corresponde en democracia, serán los propios ciudadanos quienes juzguen nuestra gestión y decidirán si seguimos mereciendo su confianza.

Quienes me conocen saben que nunca he entendido la política desde el victimismo. Al contrario, creo que es una de las peores enfermedades de nuestro tiempo. Explicar no es justificarse; rendir cuentas no es buscar compasión. Mi obligación como alcalde es asumir la responsabilidad que me corresponde, dar la cara y trabajar para corregir los problemas.

Un ayuntamiento como el de Vila-real, con cerca de 55.000 habitantes, cerca de quinientos empleados públicos, que gestiona cerca de 70 millones de euros y decenas de departamentos, funciona necesariamente sobre la base de la delegación de competencias, la profesionalidad de sus trabajadores y la coordinación entre servicios. Es evidente que ningún alcalde puede controlar personalmente cada expediente o cada factura. Pero esa realidad no disminuye mi responsabilidad. El máximo responsable político de lo ocurrido soy yo y así lo asumo.

Porque detrás de cada factura pendiente no había un número. Había empresas, autónomos, trabajadores y familias, muchos de ellos de Vila-real, que habían cumplido con su trabajo y esperaban cobrar aquello que legítimamente les correspondía.

La reciente doctrina del Tribunal Supremo ha recordado un principio esencial: ninguna administración puede enriquecerse injustamente a costa de quien ha prestado correctamente un servicio público. Comparto plenamente ese principio. Quien trabaja para el ayuntamiento debe cobrar. Por eso, desde el mismo momento en que la ley nos permitió actuar, una vez liquidado el presupuesto de 2025 y conocida la realidad económica del ayuntamiento, convertimos la regularización de las obligaciones pendientes en la prioridad absoluta del gobierno municipal. Reforzamos los servicios económicos, impulsamos un plan de choque, reorganizamos recursos y comenzamos a tramitar, uno tras otro, los expedientes necesarios para recuperar la normalidad.a sido un trabajo silencioso, sin fotografías ni inauguraciones. Pero absolutamente imprescindible. Confieso que ha sido la experiencia más dura que he vivido como alcalde. Pocas cosas generan tanta frustración como disponer de los recursos económicos y comprobar que unos procedimientos administrativos excesivamente complejos impiden pagar con la rapidez que todos desearíamos. Por eso decidí dedicar prácticamente todo mi tiempo a resolver este problema, reduciendo al mínimo mi agenda pública. Hoy ese esfuerzo empieza a dar resultados. Ya se han abonado más de 3 millones de euros y, el próximo lunes, el pleno tramitará cerca de nueve millones más para seguir pagando a nuestros proveedores, mejorar la planificación económica y evitar que una situación así vuelva a repetirse. Quiero agradecer el extraordinario esfuerzo de los empleados públicos municipales y, muy especialmente, la paciencia de nuestros proveedores. A ellos les debo también unas sinceras disculpas por los retrasos sufridos. Todavía queda trabajo. Pero lo más difícil ya está encauzado. Porque gobernar no consiste solo en anunciar proyectos cuando todo va bien. Gobernar también es permanecer al frente cuando llegan las dificultades, asumir la responsabilidad y trabajar hasta encontrar soluciones. Esa ha sido mi prioridad durante estos meses. Y seguirá siéndolo.

Alcalde de Vila-real

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