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Opinión | BABOR Y ESTRIBOR

Legado Zapatero

En estos días de julio de hace 90 años, España ardía en el inicio de la guerra civil provocada por un golpe de Estado contra el Frente Popular de la II República, aquella amalgama de partidos de izquierdas que puso voluntad en propiciar una reacción armada. Conviene leer a Manuel Azaña: «No quiero ser presidente de una república de asesinos». Aquel enfrentamiento entre españoles, con demasiada implicación extranjera (Stalin, Hitler y Mussolini), supuso un episodio de espanto y sangre, culminado con una dictadura militar. La posguerra resultó atroz, trufada de represalias. Ya avisó el periodista Chaves Nogales asilado en Francia en cuanto el Gobierno de Largo huyó de Madrid para instalarse en Valencia: «No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado o de otro. Es igual». Pasó la contienda, superamos el franquismo y llegó el aire fresco de la democracia merced a la generosidad de vencedores y vencidos. Vuelvo a recordar el apretón de manos de Carrillo y Fraga. Nuestros abuelos dieron una lección de concordia en el marco de la transición. Tiempo después, el hoy imputado Zapatero tuvo la ocurrencia de alumbrar la ley de memoria histórica, removiendo la conciencia de unas jóvenes generaciones desinformadas y entusiastas de un texto de apariencia reparadora. Aquella trampa saducea de Zapatero, amplificada por Sánchez de la mano de Otegi, contribuye al fomento de la polarización en beneficio del inquilino de La Moncloa. Mientras tanto, Marruecos invade Ceuta, donde esperan a Marlaska para nada.

Periodista y escritor

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