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Opinión | PECES DE CIUDAD

Los atardeceres rojos de Morella

Los atardeceres rojos de Morella coronan el horizonte, el océano de montañas que compone la comarca de els Ports. Un espectáculo bellísimo que llega acompañado de la deseada bajada de la temperatura. Cada tarde, La Alameda de Morella se llena de vecinas y vecinos en busca del primer fresco, aunque en estos tiempos el calor se estira hasta la noche. Cada tarde, de lunes a viernes, se escucha en La Alameda la música de gaita i tabal, los peculiares tonos de la dança de pelegrins. Pequeñas y pequeños morellanos ensayan los pasos y giros de esta danza tradicional que desfilará por las calles de la ciudad el próximo 15 de agosto, día de la Verge d’agost. Bailan y recitan poesías a sant Roc i el gos. Esta tradición de peregrinos se mantiene viva gracias al empeño de las quintas y los quintos del año. Cada pequeño y pequeña danzan aprendiendo los pasos, y recitan poesías cargadas de crítica y de esperanza.

Es uno de los sonidos del verano morellano junto a los acordes del órgano monumental de la basílica arciprestal como gran protagonista del festival de música de Morella Ricardo Miravet que se celebra esta semana desde hace décadas. Sonidos celestiales que nos desconectan y nos llenan de sosiego, de satisfacción. Así deberían ser los veranos, llenos de belleza, calma, relajo, sin sobresaltos, sin rabia ni esa indignación que nos revuelve. Pero es inevitable no mirar, no escuchar, no sentir todo lo que sucede. Nos estalla la tristeza ante los desoladores incendios, nos estalla la rabia ante las conspiraciones internacionales de EEUU, Marruecos e Israel contra España, los movimientos de la ultraderecha, de ese fascismo que tanto apoya el PP y que patrocina Vox. Lo de Ceuta es inhumano, además, con la muerte de cerca de 100 personas inocentes.

Es periodista

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