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Opinión | Un libro abierto

Eric Gras

Eric Gras

Coordinador del suplemento cultural 'Quaderns'

El tiempo que merecen las cosas

Hablamos mucho, yo el primero, del ritmo acelerado que nos hemos impuesto sin saber muy bien por qué. Vivimos deprisa porque tememos que, si nos detenemos, algo se nos escapará. Y quizá por eso hemos empezado a desconfiar de todo aquello que exige más de veinte segundos de atención.

Los medios de comunicación, también los periodistas, hemos contribuido a alimentar esa urgencia: frases breves, párrafos breves, noticias flash, reels, vídeos de treinta segundos, no vaya a ser que concentrarnos durante más de un minuto nos provoque un síncope. Incluso se indica ya el tiempo aproximado de lectura de un artículo o reportaje. ¿Qué ocurre si uno tarda más? ¿Se abre una compuerta bajo sus pies y cae al vacío? ¿Y si termina antes? ¿Recibe una medalla a la celeridad?

A mí me preocupa otra cosa, la verdad: si lo leído se entiende, si deja un poso, una inquietud, una pregunta o una reflexión. Porque leer no debería ser una carrera contra el reloj, sino una forma de detenerlo e incluso de comprender el propio tiempo. Hay textos que piden pausa, igual que ciertas conversaciones, ciertos paisajes o ciertas personas. Reducirlos a un lapso estimado de consumo es, de algún modo, empobrecerlos un poco también.

Esta semana recibí un correo de agradecimiento por un reportaje que publiqué. No sucede muy a menudo y, precisamente por eso, reconforta. Pero el mensaje guardaba una gran sorpresa para mí: quien lo escribió agradecía, además del contenido, su extensión, porque le había permitido una lectura «más honda y reposada de lo habitual».

Que hoy alguien agradezca que un texto sea largo tiene algo de resistencia. Una pequeña victoria frente a la prisa, la dispersión y esa sobreestimulación que nos mantiene permanentemente ocupados y raramente atentos.

Quizá leer sea una actividad solitaria y efímera. Pero también es una forma de observar, escuchar, comprender y conceder a las cosas el tiempo que merecen. Y no parece poca cosa.

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