Opinión
El fantasma de Merkel
La reacción poco solidaria de la mayoría de los países europeos con España, en relación con la crisis migratoria de Ceuta, pone de manifiesto el giro radical experimentado por las políticas migratorias en los últimos 10 años. Aunque lo ocurrido en la ciudad autónoma resulta singular, por la forma en que se produjo y por las complejas implicaciones políticas que sin duda tiene, la comparación con lo sucedido con otras llegadas bruscas de inmigrantes es significativa. Cuando la guerra de Siria provocaba la llegada a Europa de 2.000 a 3.000 personas diarias, el entonces ministro de Exteriores de Italia, Paolo Gentiloni, reclamó la solidaridad de sus socios europeos y advirtió de la presión que ello suponía para el espacio Schengen. «Los migrantes no llegan a Grecia, a Italia ni a Hungría, sino a Europa», aseguró Gentiloni, diciendo una verdad que debe ser la base de cualquier política migratoria europea. A diferencia de cuanto ocurrió entonces, el gobierno de Giorgia Meloni ha acordado suspender los acuerdos Schengen con España y ha culpado a su homólogo Pedro Sánchez por la crisis de Ceuta, atribuyéndola a la regularización reciente de miles de inmigrantes en España. Y este ha replicado con una medida recíproca.
Fronteras abiertas
¿Qué ha ocurrido para que la Unión Europea tenga cada vez más dificultades para acordar una política común eficaz y solidaria, en materia de inmigración, pese a la aprobación reciente del Pacto sobre Migración y Asilo? Probablemente, que lo ocurrido entonces en Alemania sigue presente en la retina de la mayoría de los líderes europeos. Basándose en los valores cristianos que la inspiraban, la cancillera Angela Merkel, que había gobernado cuatro legislaturas consecutivas, adoptó una política de fronteras abiertas a los inmigrantes que procedían de Siria. Wir schaffen das (lo lograremos) fue el célebre lema que acabó con su Gobierno al llegar a Alemania cerca de un millón de inmigrantes. Más del doble de los que había recibido Alemania durante la crisis migratoria de 1992. A la vista de lo ocurrido tras el episodio de Ceuta, bien puede decirse que el fantasma de lo que le ocurrió a Merkel determina en buena medida reacciones como la que ahora ha sufrido España.
Contribución europea
Europa tiene un reto mayúsculo con la gestión de la inmigración procedente de una frontera sur que es la más divisa de cuantas existen en el mundo después de la que separa las dos Coreas. Una diferencia de renta de 1 a 7 separada por solo 14,4 kilómetros. Gestionar la inmigración requiere menos actitudes reactivas, y más gestión de largo alcance basada en la provisión de forma organizada y regulada de las necesidades de mano de obra de la UE, en la capacidad de las sociedades europeas de acoger inmigrantes y en el respeto básico de los derechos humanos, en particular el de los niños y adolescentes implicados en procesos migratorios. También corresponde reclamar la contribución europea al desarrollo de los países africanos, empezando por los del Magreb, sin el cual no habrá vallas ni concertinas que valgan. Solo así será posible desterrar actitudes ingenuas como las que le costaron el cargo a Merkel, desactivar las mafias y hacer frente a políticas demagógicas que solo buscan pescar en el río revuelto de crisis migratorias como la de Ceuta, o como las muchas que ha vivido Europa desde que existe.
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