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Opinión | A quemarropa

La playa

El pasado viernes cené en el chiringuito de la playa de Castelló llamado La playa. Después, rodeado de gente maravillosa, tomé unas cervezas y bailé al son que marcaba la banda Los indios. Tocan bien estos tipos. Vaya si lo hacen.

El calor era insoportable, pero el ambiente fue estupendo. Me alegró ver a tantos y tantos buenos amigos y conocidos. Juan Lozano ha creado un local casi mágico. Después de los años dorados del archiconocido Sabor, cuando las normas cambiaron, para mal, claro, si no, no serían normas, oscuros nubarrones acosaron gravemente el ocio de ese bendito rincón de nuestra costa. Se redujo el área de los chiringuitos, se limitó su horario, su actividad, etc. Pero el bueno de Juan supo reinventarse y otros operadores le siguieron. Hoy, entre Solé y La playa, la alegría brilla con tanta intensidad como antaño en la playa del Gurugú. Ya no está Sabor, ya no está Natural… Los chiringuitos ya no son esos grandes pubs al aire libre en los que tantos sábados y domingos vimos amanecer entre copa y copa. Son otra cosa. Y también es buena.

Como les decía, queridos lectores, media ciudad estaba en el concierto (permítanme la exageración). Imagino que la otra media estaba en el pueblo, pasando el mismo calor, o más. Saludé, abracé y sonreí como solo ocurre el día de paellas de Sant Pere en el Grau o de Benicàssim en enero. Así estuvo de ambientado el concierto de unos indios que no sé si son cheroquis, navajos, apaches, sioux o comanches y que crearon una de las noches más mágicas del verano.

¡Viva el verano! ¡Viva la playa de Castelló! ¡Viva el Gurugú!

* Pablo Sebastiá es escritor

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