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Opinión | PECES DE CIUDAD

El lado oscuro de la luna

Una piscina. En la Fábrica Giner de Morella. Agua muy fría, helando hasta las entrañas. Nadando en solitario, flotando y mirando las enormes y bellas nubes de tormenta que se forman cada mañana sobre la comarca de Els Ports. La paz y el sosiego quedan abrigados por los pinos y chopos de este paraje único. Mirando el cielo desde el agua recuerdas el atardecer del 12 de agosto, cuando algo cambió el tiempo, el espacio. Recuerdas la estampa bellísima, mágica, del eclipse del sol visto desde la Alameda de Morella. No hay suficientes palabras para describir un fenómeno que superó mis expectativas. La tenue luz que iba creciendo como sombra extraña, el silencio de la tierra y del aire, los pájaros aturdidos, grillos y cigarras callados, y nosotras, inmóviles, atrapadas por la belleza gigante, atrapadas en las perlas rojas, tres cráteres reflectantes de la luna, junto a la celestial y bellísima aureola del sol, cubierto por el lado más oscuro de la luna. Sintiendo el icónico álbum de Pink Floyd, este lado lunático de las presiones de la vida moderna, la alineación y la locura, bendita locura. Una condición humana universal que miró el mismo punto del cielo. Todas mirando en la misma dirección, arropadas por el hechizo del eclipse. Morella levantó los ojos como quien toca la canción más bella del mundo, como una orquesta al unísono. Han sido días de grandes emociones. Imposible olvidar, asimismo y con la misma piel chinita, erizada, la poesía de mi pequeño Aimar como integrante de la dança de pelegrins de Sant Roc, de unos muy especiales quintos y quintas de la fiesta. Mi pequeño reivindicó la paz, la vida y la felicidad de las niñas y niños que mueren y sufren las guerra. El grito infantil de No a la guerra fue un rayo fulminante contra toda ignominia.

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