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Opinión | RECONTRA

El boletín oficial

Como dijo Ramón Rubial: «En democracia la política se hace con el BOE». Sin embargo, en materia de incendios forestales no es suficiente. Aprobar un plan de prevención de incendios forestales es una cuestión puramente estética si después este no se desarrolla y se invierte en las medidas que se han aprobado en este documento. El plan de prevención de incendios forestales del parque natural de la Sierra de Espadán (2006) o el plan de prevención de incendios forestales de la demarcación de Segorbe, al que pertenece la Sierra de Espadán (2014), no pueden convertirse en un documento propagandístico que acalla conciencias. Ni que decir tiene que la mayoría de los planes locales de prevención de incendios forestales sirven para lo mismo.

Los propios planes contemplan actuaciones muy concretas: cortafuegos, limpieza y tratamiento de la vegetación, mantenimiento de caminos, accesos para los medios de extinción, puntos de agua y medidas de protección para urbanizaciones y zonas habitadas. Además, que estas infraestructuras necesitan mantenimiento periódico y establece prioridades para su ejecución.

Por eso, después de cada gran incendio debería existir una pregunta inevitable, a la hora de analizar las consecuencias y resolver los errores: ¿qué se hizo realmente de todo aquello que estaba previsto? ¿Qué actuaciones se ejecutaron? ¿Cuáles quedaron pendientes? ¿Cuánto dinero se destinó? ¿Qué infraestructuras fueron mantenidas y cuáles no?

Y esta pregunta debe hacerse en la Generalitat valenciana y en todos los municipios afectados por el incendio de la Sierra de Espadán. Los vecinos merecen conocer qué ha ocurrido.

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