Opinión | VIVIR ES SER OTRO
De eclipses y borregos
¿Hasta cuándo se puede hablar del eclipse del pasado día 12? Esto me recuerda a Larry David cuando exigía poner una fecha tope para felicitar el nuevo año. Suelo entregar las columnas el miércoles anterior al sábado, cuando de normal se publican. Por tanto, el día del eclipse ya había mandado la del sábado pasado (que salió el lunes, excepcionalmente). Podía haber hecho un doblete y escribir una sobre las expectativas y otra con el resultado. Se me acaba de ocurrir ahora. Tarde, muy tarde. Prometo hacerlo para el próximo, el de 2081, aunque igual me pilla un poco mayor, con casi 110 años. Hasta podría ser que haya palmado antes. Quién sabe…
La cuestión es que me da la impresión de que ya ha opinado de esto todo hijo de vecino. La mayoría, por simplificar, a favor, mostrando cuánto les ha gustado. Un pequeño grupo, de todo ha de haber en este ancho mundo, para defenestrarlo o, sobre todo, para llamar «borregos» y apelativos peores a los que fuimos a verlo. Aquí encajaría muy bien aquello de los culos y los olores.
Quiero destacar la que ha publicado esta mañana, también fuera de plazo, Imma Sust en las páginas de este periódico. Es de esas opiniones a las que les pondría mi firma debajo y me lanzaría un par de besos espejo mediante. Una borrega más se titula; búsquenla en la web si no tienen el diario en físico, vale la pena.
Si me quedaba poco que decir, ahora es incluso menos. Soy un «borrego» más. Otro. Puro miembro del rebaño porque también me deslumbró España en el pasado Mundial de fútbol. Y, en cuanto acabe de escribir esto, me voy a ver Sálvame en Telecinco. No, es broma; no veo tele. Nunca. ¿Vale eso para considerarme fuera del rebaño o lo otro eclipsa esto (pongan unos guiños aquí)?
A la mayoría nos gusta sentirnos diferentes y que no pensamos ni hacemos lo mismo que los demás. En realidad, en nuestra individualidad, la gente «normal», los «borregos» antes citados no existimos porque todos, si ponemos la lupa lo suficientemente cerca, acabamos siendo peculiares con nuestras propias rarezas.
Oscar Wilde lo definió, otra vez, mejor que nadie: «Tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor». En realidad, la frase posee más enjundia de lo que parece porque a la masa en general, a nuestra manera, nos gusta lo que consideramos mejor, lo que sea más útil para complacer nuestros gustos. Sí, ya sé, el gran escritor irlandés lo decía en otro sentido, pero me encantó la cita y quería ponerla como fuera en este artículo.
En fin, que me maravilló el eclipse. Mucho. Tanto que en casa estamos decididos a ir el año que viene al sur, a Cádiz, a ver otro. En otras palabras, que estoy dispuesto a recorrer dos mil kilómetros para repetir experiencia. Eso lo dice todo. De hecho, igual la columna tenía que haber sido las dos frases anteriores y ya está. Lo demás, paja.
Bueno, no. Sentía la necesidad de recomendar la columna de Imma Sust y quería meterme un poco con esa gente que voy a calificar de especialita, que le dio la espalda al fascinante fenómeno astronómico. Ellos se lo perdieron.
Por cierto, lo vi en lo alto de una montaña, en la Creu del Gelat, en el término municipal de Cinctorres.
Carlos Tosca es editor de La Pajarita Roja
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