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Opinión | A QUEMARROPA

El calor

Lo que estamos viviendo este verano es una atrocidad. Una ola de calor tras otra ha acabado con la vida de miles de nuestros mayores. Una ola de calor tras otra nos ha afectado de todas las formas posibles. Una ola de calor tras otra, hasta llegar a alcanzar esta semana la temperatura más alta registrada de una noche estival, nos ha aplastado moral y físicamente como no se había visto.

Negar que el planeta en general, y el arco mediterráneo en particular, sufren una subida generalizada de las temperaturas es ridículo. E igual de ridículo es politizar el asunto. ¿Puede el ser humano revertir esta tendencia? Hay quien cree que sí, hay quien cree que no y hay quien no sabe aún qué pensar. Sea como fuere, el calor ha llegado para quedarse. Para aumentar, año tras año, y para jodernos la vida un poquito más cada verano.

Dicho esto, no cabe otra que ponerse manos a la obra y trabajar para minimizar sus efectos sobre la flora y fauna. Nuestros políticos deben tomar medidas urgentes, a corto, medio y largo plazo, para evitar sus desastrosos efectos. Y esto me parece que no está sucediendo. Ellos se dedican a darse de bofetadas entre sí un día tras otro. En eso están. A eso dedican su tiempo. Pero a tomar medidas de prevención de incendios, a ampliar los recursos para su extinción, a crear infraestructuras para su contención, a construir obras públicas que eviten desastres, a eso, a lo que es importante, apenas dedican su tiempo. Mientras tanto, queridos lectores, el calor avanza. Gana terreno. Y acecha, cada primavera, a que llegue de nuevo su oportunidad.

Pablo Sebastiá es escritor

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