Opinión | LA COLUMNA
Pedro de Silva
Disruptivos, no gracias
Hace tiempo yo también gozaba con los disruptivos, pero desde que vienen a decir todos lo mismo, vomitando un discurso cansino, he empezado a detestarlos no por el mero hecho de ser disruptivos sino porque han dejado de serlo para acomodarse en la vulgaridad de molestadores profesionales que hacen caja rompiendo los platos que haya a mano.
Así que me manifiesto disruptivo con los disruptivos, porque todo el que escribe debe evitar la letanía, que es buena para al rosario pero no para pensar, ni para plantearse opiniones realmente fundamentadas. Cuando se queden sin platos que romper ¿qué harán?
Ahora lo disruptivo de veras es juntar los pedazos e intentar pegarlos, para salvar la vajilla en la que la gente pueda volver a compartir ideas útiles para la convivencia. Eso es lo verdaderamente contracultural. Un inesperado amigo me habla de las iniciativas en la Unión Europea para despolarizar, aplicadas como experiencia para acercar el discurso agrario y el ecologista, que luchaban en los extremos. Por ahí debe ir los tiros para ser disruptivo.
Pedro de Silva es escritor
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