Opinión | TRIBUNA SINDICAL
Golpe de calor
El verano encara su recta final, pero no podemos dar por terminado el riesgo por calor. Hemos vivido esta semana pasada, episodios de calor extremo, activada la alerta roja, donde se han alcanzado temperaturas de 43º C, donde el calor puede convertirse en un riesgo grave para la salud, seguidos de días lluviosos y tormentas eléctricas.
El estrés térmico aparece cuando el organismo no logra eliminar el exceso de calor. Fatiga, mareos, calambres, deshidratación o confusión son señales de alarma. Un golpe de calor puede provocar pérdida de conocimiento, daños cerebrales e incluso la muerte. Y el riesgo también aumenta con el esfuerzo físico, la humedad, la exposición y los equipos de protección utilizados en el entorno laboral.
No afecta solo a aquellas personas que trabajan en la calle, en el exterior, si no también a las personas trabajadoras de las azulejeras, del sector de la industria, del personal de limpieza, de transportes, y afecta también a centros de trabajo con climatización insuficiente. Y aquí el sistema sanitario es una pieza clave en la respuesta a los episodios de estrés térmico; que cada verano, además de sostener al sector turístico, sostienen una presión asistencial creciente por los nombrados golpes de calor.
En el conjunto del Estado, los sistemas de vigilancia de mortalidad han estimado en los últimos veranos miles de muertes atribuibles al exceso de temperatura, con especial impacto en personas mayores y trabajadores y trabajadoras vulnerables. Aunque las muertes por golpe de calor como accidente laboral reconocido son menos frecuentes y a menudo infradeclaradas, el INSST advierte de su relación con el aumento de la temperatura y el esfuerzo físico, especialmente en sectores al aire libre.
En CCOO, defendemos que la prevención no puede activarse solo cuando llega una alerta. La normativa obliga a evaluar el riesgo y adoptar medidas frente a los fenómenos meteorológicos adversos. Cuando existe aviso naranja o rojo y las medidas preventivas no garantizan la protección, deben de adaptarse las condiciones, incluida reducir o modificar la jornada.
Prevenir el estrés térmico es una obligación empresarial y un derecho laboral. El final del verano está ahí, pero el cambio climático no toma vacaciones. Tras el calor llegarán las danas, lluvias y nevadas intensas y otros fenómenos extremos. También habrá que aplicar la normativa, evaluar riesgos y proteger a las personas. El tiempo cambia; nuestro compromiso con la salud laboral no.
María Lidón Calvo es secretaria de Igualdad UI CCOO Comarques del Nord
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