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Opinión | LA RUEDA

Está bien pero no es suficiente

El otro día escuché a un paisano poner a parir la política o, lo que es lo mismo, vomitar su indignación sobre ella. Circunstancia de descrédito que no me extrañó por habitual, pero siempre me afecta. Sobre todo porque por lo que decía y por su aspecto, me pareció que estaba más ante una víctima de los malos políticos que ante un enemigo de la política. Me pareció, repito, que estaba delante de una de esas personas que sobre sus espaldas cargan generaciones y promesas que hablan de una vida digna que nunca llega.

Claro que la vida ha cambiado y el complejo, amplio y actual mundo del trabajo, no tiene nada que ver con aquel viejo proletariado de la época de Carlos Marx que solo tenía la posibilidad de perder las cadenas y los hijos porque no tenían nada más. ¡No! ¡No es lo de ahora! Una parte importante del mundo laboral tiene casa, coche, hipoteca, paro, pensión... pero a pesar de esa verdad, la brecha entre ricos y pobres se abre más. Es decir, los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Tan cierto que, cada vez más, hay un amplio número de ciudadanos que, a pesar de tener trabajo, no pueden terminar el mes ni pagar el alquiler. Incluso los expertos ya hablan de que el Estado de bienestar aunque, necesario, no es suficiente. Parece ser que el desajuste viene antes del proceso de distribución de las rentas y, al tiempo, el modelo capitalista que nos ha tocado vivir, no quiere ser compatible con un mejor reparto de la riqueza.

En todo caso, lo que parece indiscutible es que la indignación del viejo Stéphane Hessel, la que aparece como virtud cívica y expresión de malestar, está muy bien pero no es suficiente: además hacen falta proyectos y liderazgos que sean más que un desahogo y permitan una intervención social eficaz.

Analista político

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