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Opinión | EL TURNO

Al andar se hace camino

El verso «caminante, no hay camino, se hace camino al andar» se ha vuelto tan cotidiano que lo encontramos impreso en tazas, camisetas, carteles y tatuajes. Sin embargo, su omnipresencia ha terminado por anestesiar su verdadero significado. Lejos de ser una frase más de autoayuda, el verso de Antonio Machado esconde una profundidad trágica que se revela cuando se conoce el contexto en el que fue concebido. En 1912, Machado escribió estas líneas tras sufrir el golpe más devastador de su vida: la muerte de su esposa Leonor con solo 24 años, tras tres de matrimonio.

La metáfora central del camino enfatiza el hecho de que el futuro no existe de antemano, que se construye con cada paso que se da (la mayoría a ciegas)

Así, el poeta no redactó esta obra desde una filosofía abstracta o trivial, sino desde el dolor desgarrador de la soledad, la pena y la desorientación. El poema pues nace de la necesidad vital de seguir viviendo cuando el destino cercena nuestros planes, sin dejarnos un mapa que nos marque la salida. La metáfora central del camino enfatiza el hecho de que el futuro no existe de antemano, que se construye con cada paso que se da (la mayoría a ciegas).

Sin embargo, el matiz más conmovedor radica en cómo se mira el pasado, pues al volver la vista atrás, se contempla la senda que nunca más se va a volver a pisar, aceptando la realidad de que el pasado se fija y el presente se desvanece (como estelas en la mar). Y, lo único que nos queda, es la acción de continuar. Machado comprendió que la vida no ofrece garantías ni senderos predeterminados. Que, ante la pérdida y el vacío, solo queda seguir andando sin una solución mágica para superar una crisis.

*Carlos Hidalgo es psicólogo clínico (www.carloshidalgo.es)

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