Opinión | A FONDO
Benicàssim, más que un verano
Cuando llega septiembre es inevitable hacer balance del verano, aunque todavía queden días para seguir disfrutando de Benicàssim. Poco a poco cambian los ritmos, muchos visitantes regresan a sus lugares de origen y la ciudad recupera su rutina. Por eso, antes de dar por cerrado el verano, merece la pena detenernos y valorar unos meses intensos en los que Benicàssim ha vuelto a demostrar su capacidad para atraer, acoger y ofrecer una propuesta turística, cultural y de ocio diversa y de calidad.
Porque hablar del verano en Benicàssim, no es hablar solamente de playas llenas, buenos datos de ocupación o grandes noches de festival. Es hablar de una ciudad en la que se ha podido disfrutar de la cultura, practicar deporte y descubrir nuestro patrimonio, acercarse a la naturaleza, compartir propuestas de ocio o, sencillamente, relajarse junto al mar. Y es precisamente esa capacidad de ofrecer formas tan distintas de disfrutar de Benicàssim la que refuerza nuestra posición como destino. Porque la competitividad no se mide solo por cuánta gente nos visita, sino por nuestra capacidad para ofrecer razones para venir, para quedarse y, sobre todo, para volver.
Benicàssim cuenta con casi ocho kilómetros de litoral y cinco playas que son uno de nuestros principales atractivos, pero el verdadero reto de un destino mediterráneo, como el nuestro, no es solo atraer visitantes, sino mantener una propuesta de calidad que haga que quienes nos eligen disfruten y quieran volver. Para eso hacen falta playas cuidadas, buenos servicios, accesibilidad, seguridad y una ciudad capaz de responder y cuidar cada detalle, también en los meses de mayor actividad. Y este verano hemos vuelto a comprobar que muchas familias siguen eligiendo Benicàssim precisamente por eso, porque encuentran una ciudad que acoge, un lugar que se disfruta y un destino al que merece la pena volver.
Benicàssim ha construido parte de su identidad turística, alrededor de la música y de los festivales que hoy son referentes dentro y fuera de España, el Sansan, FIB y Rototom Sunsplash, citas que han crecido junto a la ciudad y que hoy forman parte también de una manera de entender y vivir el verano.
No es casualidad que Benicàssim sea reconocida como ciudad de festivales, porque hemos contribuido a hacer de la música una de nuestras señas de identidad. Y quizá lo más importante sea que hemos conseguido que los grandes festivales no se vivan únicamente dentro de un recinto, sino que formen parte de la propia ciudad, de sus calles, de sus playas y de un escenario mediterráneo que les aporta una personalidad difícil de encontrar en otros destinos.
Esa relación se ha ido consolidando con naturalidad y permite que cada verano convivamos con miles de personas sin perder nuestra forma de vivir ni nuestra identidad.
El FIB ha celebrado este año su 30ª edición con 135.000 asistencias y Rototom Sunsplash ha vuelto a reunir a cerca de 169.000 personas procedentes de casi un centenar de países, unas cifras que hablan de la dimensión de ambos festivales, pero también de todo lo que generan a su alrededor, porque durante esos días la actividad se extiende por toda la ciudad alojamientos, comercios, restauración, servicios y empresas locales, generan actividad económica y oportunidades al tiempo que esa proyección permite que miles de visitantes descubran una ciudad que va mucho más allá de la música y encuentren, quizá, nuevas razones para volver.
Y esa relación de Benicàssim con la música se extiende a lo largo de todo el verano componiendo una banda sonora a en la que también han tenido su espacio la música sacra, la lírica, las habaneras, el Concert del Mediterrani, Cordes a la Mar y nuestra Unión Musical Santa Cecilia, y que en estos días suena a guitarra con el Certamen Internacional Francisco Tárrega.
Estilos musicales muy distintos que comparten el Mediterráneo como escenario y que conviven en Benicàssim con una programación de teatro, cine, literatura, magia, visitas guiadas y propuestas familiares en plazas, playas y lugares emblemáticos de la ciudad. Porque también desde esa programación cercana, diversa y accesible se construye un destino de calidad, capaz de ofrecer alternativas para públicos muy distintos.
También el deporte ha vuelto a encontrar en Benicàssim un escenario privilegiado y el reciente paso de la 6ª etapa de La Vuelta, con la épica subida al Bartolo, nos ha permitido mostrar al mundo algunas de las vistas más espectaculares de nuestro entorno y demostrar la capacidad de la ciudad para acoger grandes citas deportivas.
Ese es el Benicàssim que queremos seguir construyendo, dinámico, sostenible y de calidad, porque cuando termina agosto en Benicàssim se cambia el ritmo, pero siguen quedando muchas cosas que vivir y compartir.
Alcaldesa de Benicàssim y senadora
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