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Opinión | PECES DE CIUDAD

Regresar desde la tristeza y la rabia

El regreso navega entre la pereza y la tristeza. Nadie quiere regresar cuando ha pasado un tiempo de verano habitado de sosiego y alegrías. Hoy arranca septiembre, uno de los meses más hermosos en Morella, una especie de anuncio del otoño, con sus atardeceres rojos, con un cielo que estalla en azules, con una temperatura fresca que envuelve el alma. Pero hay que regresar. Siempre se regresa.

Nos espera la furia política de quienes manosean instituciones y convocan concentraciones en nombre de los ayuntamientos para defender posturas políticas y generar más odio, violencia y seguir metiendo cizaña con respecto a Ceuta. Yo no voy a sumarme a semejante manipulación. Apoyo a Ceuta, la situación es grave, y frágil, pero no apoyo los fascismos. Me solidarizo, mucho, con quienes han abandonado un país que los maltrata, quienes no tienen nada y buscan un camino para seguir. Deberíamos acoger a las y los menores marroquíes que por ley corresponde a las comunidades autónomas y dejarnos de cinismos e hipocresías.

Siguen llegando, cada día, inmigrantes a nuestras tierras, sobre todo en el Mediterráneo. La Unión Europea debería estar apoyando, solucionando. Pero en este tema cada cual se cobija bajo su capa de prestidigitador. Hay demasiados magos de pacotilla y un gobierno que quiere solucionar, que está gestionando y se encuentra acorralado, agredido, vapuleado. La confianza ciudadana en las instituciones es baja y, ahora, precisamente, se requiere una defensa férrea. Pero, tal como crece la crisis de Ceuta, nos deshumanizamos como sociedad si somos capaces de impedir la ayuda humanitaria, el reparto de comida, las agresiones a Cruz Roja y a los colectivos activistas. No en mi nombre.

Periodista

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