Los usuarios de Renfe se desayunaron ayer con las explicaciones que el día anterior dio la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, sobre el caos ferroviario --solo "disfunciones", según ella-- y con una nueva jornada negra que, en esta ocasión, afectó a 120 trenes de Cercanías, 40 de media distancia y 22 de larga. En total, 33.000 pasajeros. Cinco líneas quedaron fuera de servicio o notablemente mermadas en su capacidad por una acumulación de averías aquí, allá y acullá probablemente sin precedentes. ¿La causa? Los anteriores episodios de caos los habían atribuido hasta ahora Renfe y Adif a las obras del AVE, a supuestos sabotajes e incluso a una acumulación de suicidios superior a la previsible. Ayer la culpa era de las condiciones meteorológicas. Los rayos --explicó para los profanos en la materia el jefe de Mantenimiento de Adif en Barcelona, César Fanjul, "tienen una tensión de infinitos voltios y eso no lo controla nadie".

Los incidentes comenzaron a las 5.30 horas. El relato pormenorizado de todos ellos podría ser agotador. Según Adif, sin embargo, solo uno no tenía su origen en las condiciones meteorológicas. Girona quedó incomunicada por tren durante tres horas. Sants también tuvo su parón y sus consiguientes carreras de pasajeros hacia los autobuses. La estación de paseo de Gràcia, por ser de menor tamaño, pronto quedó desbordaba. En resumen, una repetición de escenas habituales en los últimos meses.

Pero ¿tan excepcional fue la tormenta? Cada año hay en Cataluña varias de ellas. En este sentido, resultaron interesantes las explicaciones del presidente de Adif, Antonio González. "Ha sido una tormenta de verano generosa", afirmó. "Nuestro sistema de protección ante las tormentas es equiparable al mejor de cualquier país de Europa. No ha fallado. Hemos tenido mala suerte", añadió. "Tenemos 1.200 kilómetros de red ferroviaria en Cataluña y no es una red convencional. Tiene una gran capacidad de atracción de rayos", sorprendió el responsable de Adif.

Por si fuera poco, un terremoto de 3,3 grados en la escala de Richter se dejó sentir fuerte ayer en la comarca del Anoia (Barcelona), donde fueron numerosos los vecinos que lo notaron. El epicentro se localizó en la pequeña población de Piera.