La carta con la que Benedicto XVI ha explicado su controvertida decisión de rehabilitar a cuatro religiosos lefebvristas, un documento que ha escrito de su puño y letra y que hoy será repartido entre los obispos de todo el mundo, contiene --se supo ayer, después de que el Vaticano, obligado por las filtraciones a la prensa, decidiera publicarla íntegra-- una inusitada y amarga crítica a los católicos: a aquellos que, en su opinión, protagonizaron lo que calificó como "salidas de tono" al criticar su decisión, y que no vieron, o no quisieron ver, dice, sus buenas intenciones: "prevenir las radicalizaciones" e "impedir la segregación" de los extremistas.

"Me ha entristecido el hecho de que también los católicos, que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado en herirme con una hostilidad dispuesta al ataque", se lamentó el Pontífice. Benedicto XVI echó mano de la carta de san Pablo a los gálatas, en la que el apóstol advierte: "Si os mordéis y devoráis unos a otros, acabaréis por destruiros mutuamente", y señaló que, "por desgracia", ese "morder y devorar" sigue estando presente en la Iglesia católica. La carta, pues, no podía ser más dura.

VEHEMENCIA INSÓLITA Pero no termina ahí. El Papa describe las reacciones que han tenido lugar durante el último mes y medio como "de una vehemencia que no se había visto hacía mucho tiempo", y aseguró que "muchos obispos se han sentido perplejos". En resumen, padece la amargura de la incomprensión. Lo suyo, amén de reconocer el error de no indagar más en la personalidad de los rehabilitados --habría sabido, entonces, que Richard Williamson era un ilustre negacionista--, era un gesto de paz, de entendimiento.

Hasta aquí los lamentos; y ahora, los agradecimientos. ¿A quién A los judíos; otro detalle de una carta sorprendente. "Doy gracias a los amigos judíos que han ayudado a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza", señaló el Papa.