Pepe Rubio, “el sinvergüenza por excelencia de la escena española”, como le definió ayer cariñosamente su amiga y actriz Ana María Vidal, falleció ayer en Madrid a los 80 años. Sus restos mortales serán hoy trasladados a Barcelona, ciudad donde se crío y donde su familia se trasladó desde Lubrín (Almería) cuando él tenía ocho años. Fue su amiga Vidal la que confirmó ayer la noticia del fallecimiento del actor y empresario teatral, con quien en 1969 estrenó uno de sus mayores éxitos: Enseñar a un sinvergüenza, una obra que se mantuvo en cartel durante 15 años (más de 12.000 representaciones y 10 millones de espectadores).

VARIOS TRABAJOS // Hijo de minero, Rubio trabajó de joven en Barcelona en una fábrica de textil y otra de productos químicos. El gusanillo de la actuación le terminó de picar cuando debutó con la obra El divino impaciente. Fue entonces cuando conoció a Paco Rabal, que ejerció de padrino artístico y le presentó a al empresario y director teatral José Tamayo, que le dio un papel en su montaje Edipo.

Un año después, en 1953, arrancó definitivamente la carrera teatral de Rubio con Seis personajes en busca de autor, obra que representó junto a otras como Don Juan Tenorio, Muerte de un viajante y El alcalde de Zalamea. Su mayor éxito de público, sin embargo, vino de la mano de la comedia Enseñar a un sinvergüenza, en la que actuó junto a su gran amiga Ana María Vidal. Representada por primera vez en el año 1969, la obra de Alfonso Paso lo convirtió en uno de los galanes solteros más solicitados de la escena española. Tanto que, años más tarde, la comedia tuvo su versión en la gran pantalla. De hecho, Rubio no solo trabajó en los teatros sino en el cine, con películas como La casa de la Troya (su debut cinematográfico, en 1959), Siempre es domingo, Blanca por fuera, rosa por dentro.

En televisión triunfó en espacios tan populares como La casa de los Martínez (1967-1970) y en el programa de Marujita Díaz Música y estrellas (1976). H