El legendario rockero estadounidense Lou Reed falleció ayer a los 71 años en Long Island (Nueva York). Aunque Reed afirmaba que dejó de ser “el chico malo del rock” en los 70, este icono del “underground” y exvagabundo del lado salvaje nunca perdió oportunidad de azuzar al mundo con su irrefrenable doble genio, creativo y temperamental.

Aunque nunca conoció el éxito comercial como miembro de The Velvet Underground, con Andy Warhol como mánager, su legado sigue siendo considerado uno de los más influyentes de la historia del rock, con discos como el seminal The Velvet Underground and Nico (1967). En 1970 arrancó su etapa en solitario, ganándose una reputación como el “cronista de las miserias de la gran ciudad” y el rockero políticamente incorrecto con canciones como Sweet Jane o Walk on the wild side. Fueron tiempos de rabiosa explosión creativa en los que, en sus escarceos con el glam-rock, a veces actuaba travestido. En 1972 comenzó a colaborar con David Bowie. Miembro del Salón de la Fama del Rock and Roll desde 1996, un único impulso guió todo su trabajo: “crear”, y lo llevó a un sinfín de ramas artísticas, como poeta, guionista, actor, pintor y fotógrafo. Casado con la músico Laurie Anderson, el pasado mes de noviembre visitó Madrid para promocionar su muestra fotográfica Rimas. H