La contribución de Change.org a la difusión de causas solidarias ha convertido esta plataforma de internet en un popular e internacional adalid del cambio social.

Pero un paseo digital por la web de esta empresa estadounidense permite dar con iniciativas difamatorias contra personas, entidades o empresas. Estas resultan afectadas por calumnias en campañas de recogida de apoyos cuya información, en muchos casos, no es contrastada por el portal anfitrión y resulta ser falsa.

“Del mismo modo que en Change se puede iniciar una causa de interés común, también puede ser de interés particular”, alerta la consultora en seguridad informática Montserrat Labrandero, que ha investigado la pesadilla de Susana Bas, una joven emprendedora que ha sufrido en sus carnes ver cómo una petición en Change.org animaba a boicotear su marca de vestidos bajo difamaciones. Bas tuvo que pasar un largo periplo hasta que desde Estados Unidos, los responsables de la web aceptaron retirar la petición, porque no encontraba a su creador. Cómo lo iba a encontrar, si la petición había sido creada con un correo electrónico falso. Algo que también denuncian otros expertos, que cuestionan la fiabilidad del sistema de votos. H