La principal secuela que arrastran los adolescentes que han consumido cannabis desde la infancia es la laguna educativa con que invariablemente entran en la vida adulta, y una cierta tendencia a “fantasear” y no cumplir sus propósitos, asegura el psiquiatra e investigador Miquel Casas. “En los dos o tres años que un adolescente ha estado consumiendo porros -en el supuesto de que lo deje-, le ha sido imposible fijar la atención en una lectura o concentrarse en un pensamiento abastracto”, añade el psiquiatra.

“Aunque solo consumiera el fin de semana, no ha podido estudiar porque el efecto de la hierba persiste varios días. El cannabis es la única droga que permanece en el cuerpo más de 24 horas: tres semanas después de fumarlo, aún existen trazas en la sangre”, indica.

El método de cultivo actual del cannabis -”plantas regadas en casa por mamá, incentivadas con una luz potente”- proporciona una hierba de una pureza muy superior a sus predecesoras. “El cannabis de ahora, hecho en casa, es 10 veces más potente que el que fumaban los hippies”, dice el psiquiatra.

“Tres porros de hoy producen el efecto de 30 de los que se fumaban los Beatles”, añade.

“El ninguneo de la sociedad hacia el cannabis incita el consumo adolescente”, asegura. H