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Medio ambiente

Convivir con lobos es posible, pero hacen falta incentivos y apoyo, concluye un estudio

Científicos de Asturias y Reino Unido piden ayudas en la PAC para la coexistencia con grandes carnívoros

Un pastor dirige al ganado.

Un pastor dirige al ganado.

En pleno conflicto con el lobo, los científicos dicen que es posible convivir con la especie. Eso sí, remarcan, siempre y cuando se den “apoyos e incentivos” a las comunidades rurales. Así lo recoge una investigación realizada por las universidades de Oviedo y de Leeds (Reino Unido), publicada recientemente en la revista 'Frontiers in Conservation Science'.

Los autores del estudio, entre ellos el científico del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad de Mieres José Vicente López-Bao, piden que en la nueva Política Agraria Común (PAC) se introduzcan “complementos asociados a la coexistencia con grandes carnívoros”. También reclaman “adaptar las prioridades globales de conservación a las condiciones locales” y realizar “una apuesta decidida por la prevención de daños, que minimice las interacciones negativas entre humanos y carnívoros”.

Para llegar a estas conclusiones, López-Bao y Hanna Pettersson, que está realizando su doctorado en el Instituto de Investigación de Sostenibilidad de Leeds, analizaron en España tres estados de convivencia entre las comunidades rurales y el lobo. Uno con presencia permanente de lobos; otro donde los cánidos regresaron recientemente; y un tercero en el que se espera que la especie llegue en la próxima década. La investigación reveló que los principales problemas “no están ocasionados por los propios animales, sino por las presiones económicas y sociales que amenazan los medios de vida, las culturas y la autonomía de las comunidades locales”.

Los autores del trabajo explican que prácticas ganaderas tradicionales, como el uso de perros mastines, todavía prevalecen en algunas partes de España y son efectivas. Un gran número de productores “protegen a sus animales encerrándolos durante la noche, acompañándolos a pie durante el día y manteniendo perros guardianes del ganado en todo momento”. Ahora bien, reconocen los científicos, “estos métodos requieren mucho trabajo y son costosos, particularmente para los pequeños agricultores cuyos márgenes económicos a menudo son muy estrechos”.

“Las comunidades rurales se han quedado, en el mejor de los casos, con pagos de compensación burocráticamente engorrosos e ineficientes y a veces sin poder demostrar que su animal fue depredado por un lobo”, añaden.

Por ello, el sector necesita más apoyo. Si no lo reciben, advierten los biólogos, “los ganaderos que conviven con la especie siempre estarán en peor situación que el resto”. “Y necesitamos –agregan– que las comunidades de convivencia prosperen, que den un ejemplo positivo e ilustren a quienes anticipan el regreso de los lobos que es posible vivir con ellos”. Además, la coexistencia irá a más en los próximos años, dada la reciente protección de la especie a nivel nacional y el crecimiento de su población en toda Europa.

“Es importante que trabajemos de manera proactiva en las comunidades que compartirán espacio con estos grandes depredadores. En algunos casos, pueden generar beneficios económicos a través del ecoturismo y pueden proporcionar una regulación natural de los ecosistemas, por ejemplo, al mantener bajo control el número de herbívoros”, señala Hanna Pettersson. “Se ha invertido un gran esfuerzo en valorar los aspectos negativos de la coexistencia. Sin embargo, un aumento del foco de atención hacia los beneficios potenciales de la presencia de estas especies puede tener un impacto positivo sobre la tolerancia a coexistir con ellas”, remata Vicente López-Bao.

La investigación pone como ejemplo para apoyar esa convivencia la puesta en marcha en 2011 en Asturias, por parte de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, de la marca Pro-Biodiversidad en los Picos de Europa. “Es un esquema de certificación –explican– que asegura una mejora del beneficio neto para el productor de carne de ovino en rebaños manejados de manera tradicional dentro de espacios Red Natura 2000”. Los productores adheridos se comprometen, en otras cosas, a respetar la convivencia con la fauna y obtienen a cambio flexibilidad y fondos.

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