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El Periódico Mediterráneo

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Crisis en Afganistán

De Kabul a Barcelona, la huida del infierno de una familia afgana

Feridoon Aryan, periodista, es una de las personas evacuadas por el Gobierno español junto con su mujer, médico, y sus dos hijos - "Los talibanes están asesinando a periodistas", relata

El periodista afgano Feridoon Ayran, junto con su mujer Nooria Fakhree y sus dos hijos en Barcelona.

Su vida, asegura, le gustaba. "Era un buena vida", dice Feridoon Aryan, nacido en Afganistán hace 36 años y periodista. Dibuja una existencia plena y plácida, sin perder de vista la convulsión estructural en la que está sumido su país. Pero ya conjuga todos los verbos en pasado: "Era portavoz de Unicef, tenía un piso muy acogedor, un coche, un buen sueldo, mi familia, mis amigos, mis hijos escolarizados, ahorros". Solo dos meses después, cuenta su historia en las inmediaciones de un centro que la Comisión Española de Ayuda al Refugiado tiene en Barcelona donde vive en una habitación con su mujer y sus dos hijos, de ocho y dos años. No sin pudor, ha tenido que pedir ropa de abrigo y artículos de primera necesidad porque han llegado, prácticamente, con lo puesto y el frío se anuncia. Su cuenta bancaria está bloqueada, no pueden acceder a su dinero y los 150 euros mensuales de ayuda para cuatro personas dan para lo que dan.

Entre el hombre perteneciente a la clase media-alta afgana y el hombre que, cabizbajo y manifiestamente preocupado, ya tiene condición de solicitante de asilo han pasado solo semanas y la ascensión del régimen talibán al poder en Afganistán, sinónimo de azote a la libertad de prensa. "Lo esperábamos pero no de esa manera, no pensábamos que Kabul cayera tan rápido", afirma Feridoon en referencia a la fragilidad de un Gobierno que se desplomó de forma fulminante en cuanto el presidente de EEUU, Joe Biden, retiró las tropas estadounidenses y, por extensión, internacionales del país.

Y llegó, dice, la noche más larga de su vida. A su lado, su esposa, Nooria Fakhree, de 30 años, médico y profesora universitaria, asiente mientras intenta distraer a dos niños, especialmente nerviosos desde que todo su mundo saltó por los aires. La pareja es musulmana no practicante.

"He trabajado siempre en temas vinculados con la educación de las niñas en mi país, tengo tres centenares de documentales y no sabía qué iba a pasar al día siguiente", rememora aún atemorizado para añadir: "Llegaron las primeras informaciones de periodistas y escritores desaparecidos y asesinados y decidimos que era el momento de marcharnos del país". No sin antes, tal y como tiene registrado en su teléfono móvil, quemar todas sus acreditaciones de prensa y sus trabajos más susceptibles de molestar al nuevo régimen. "Los talibanes están asesinando a periodistas", denuncia.

La ayuda de Reporteros Sin Fronteras

Feridoon no perdió ni un minuto en tocar a todas las puertas y tirar de contactos. Funcionó la mediación de Reporteros Sin Fronteras (RSF), que ha logrado sacar de Afganistán a 15 periodistas, 10 con destino a España y los otros cinco a distintos países europeos. El 21 de agosto, Feridoon y su familia ya estaban incluidos en la lista del Gobierno español para evacuar del país. Con el salvoconducto en sus manos, intentaron llegar hasta tres veces al aeropuerto de Kabul sumido en un caos y una violencia brutales , cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. Finalmente, se rindieron dada la dureza y el peligro que entrañaba para sus vidas.

Tras vender pertenencias -electrodoméstico, alfombras, el coche...- y pagar un precio desorbitado -1.500 dólares por persona-, compraron un billete de avión hasta Islamabad, capital de Pakistán, donde fueron recogidos por RSF-Francia y, de ahí, a España.

Nooria Fakhree, afgana de 30 años, esposa del periodista refugiado en Barcelona, con su hijo pequeño. JORDI OTIX

Barbarie en el aeropuerto

Uno de los momentos más sobrecogedores del relato de esta familia se produce cuando recuerdan los intentos fallidos de acceder al aeropuerto de Kabulbajo control talibán, con masacre incluida tras una explosión que mató a decenas de personas. "Intenté preparar a mi hijo diciéndole que vería algún golpe o alguna persona cansada y enferma pero lo que nos encontramos allí sobrepasó lo peor que esperaba", cuenta el periodista mientras su mujer no puede ni articular palabra sobre el tema por el shock. Ahora, cuando su hijo de ocho años dibuja, pinta personas muertas en el suelo y armas. Pasaron horas en colas que no se movían prácticamente, apaleados por guardianes talibanes, y viendo cómo las personas se desplomaban a causa de la enfermedad y el cansancio. A veces, caían muertas.

Los dos miembros de la pareja comparten la sensación de atravesar una situación emocional extrema. Inmensa alegría por estar a salvo con sus hijos y profunda tristeza por lo vivido y lo dejado atrás -padres, hermanos, amigos...-. Enfrascados en trámites como empadronarse, buscar escuela para los niños y otras gestiones propias de los solicitantes de asilo, tienen el pensamiento puesto en los parientes más cercados que buscan salir del país y sueñan con el día del reencuentro.

Feridoon Aryan, periodista afgano. JORDI OTIX

Sin ánimo de menospreciar la ayuda recibida hasta ahora, Feridoon Ayran ruega que no quede ahí: "Necesitamos un piso donde vivir como una familia y la posibilidad de recuperar nuestras profesiones y nuestra vida". Conscientes de que la paz en Afganistán no se vislumbra cercana, Nooria Fakhree, que estudió medicina a la luz de las velas por los constantes cortes de suministro eléctrico en Kabul, no duda en decir: "España es nuestro segundo hogar".

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