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El Periódico Mediterráneo

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ERUPCIÓN EN LA PALMA

Las coladas del volcán de La Palma rellenan ya una altura de 30 metros bajo el mar

El material volcánico que llega al agua reduce la profundidad del suelo marino y está a 4,5 metros de emerger entre las fajanas

Una colada destruye nuevas áreas y alcanza el cementerio de Las Manchas.

Las coladas avanzan por tierra y por mar. Los científicos del buque Ángeles Alvariño han realizado una batimetría –estudio de las profundidades marinas– del litoral palmero afectado por la erupción y han observado que entre las dos fajanas, a 330 metros de distancia de la costa, la lava que rebosa de los deltas lávicos se ha acumulado en el fondo marino y solo le quedan por completar 4,5 metros para emerger a la superficie. En ese enclave, situado 320 metros al norte de la fajana principal, la profundidad se ha reducido en 9,5 metros a lo largo de los dos meses de emergencia volcánica. Esta modificación sustancial del fondo del mar puede suponer un peligro para la navegación, según advierte el Instituto Español de Oceanografía (IEO). Frente al delta lávico que comenzó a crecer sobre la playa de Los Guirres el pasado 27 de septiembre las coladas han ganado hasta 30 metros de altitud sobre el suelo marino y esta zona sigue recibiendo aporte de lava desde la Cumbre Vieja.

La lava ha afectado a 1.155 hectáreas de La Palma, lo que supone el 1,63% de la superficie de isla. Solo en las últimas 24 horas, las coladas se expendieron por 9 hectáreas más.

Entre ambas fajanas no hay aportación directa de lava desde el volcán, pero el material llega a ese área gracias al desborde que se produce desde los mismos deltas lávicos. Su crecimiento no es mar adentro, sino hacia los lados bajo el mar de manera que cubre zonas de la costa que antes no estaban afectadas. «El área ubicada a 500 metros del litoral no será navegable hasta que se haga un estudio más en profundidad, aunque las cartas náuticas actuales indiquen que sí lo son», recalca Eugenio Fraile, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO). Las zonas costeras por las que suelen transitar los barcos tienen una media de entre 12 o 13 metros de profundidad, pero con las modificaciones recientes los buques de tamaño medio –con un calado de más de cuatro metros– corren peligro de encallar.

El terreno ganado al mar ya suma 48,03 hectáreas. La primera fajana, que crece sobre la playa de Los Guirres, mide 42,98 hectáreas, y el segundo delta lávico, 5,05 hectáreas.

Los deltas lávicos han avanzado unos 700 metros desde el acantilado costero y una vez llegan al talud continental se encuentran con una profundidad de entre 400 y 500 metros. «Hemos detectado lava a 350 metros de profundidad y a más de un kilómetro y medio desde la costa», revela Fraile. En este caso, el aporte de material volcánico fluye por cañones submarinos –valles de laderas inclinadas localizados en el talud continental–, según explica el investigador del IEO.

Desde que comenzó la emergencia volcánica el IEO ha llevado a cabo tres batimetrías con fines científicos para constatar la evolución de la entrada de lava en el mar. «Durante la erupción en El Hierro, en 2011, realizamos 28 campañas en siete meses con las que monitorizamos el crecimiento del volcán Tagoro», recuerda Fraile, quien apunta que para legitimar la seguridad de la navegación tiene que participar en las mediciones el Instituto Hidrográfico de la Marina, que es el organismo que tiene la potestad de certificar las cartas náuticas de las aguas nacionales.

Grietas en el cono

Desde el foco efusivo ubicado al oeste del cono principal, la lava discurre por un tubo volcánico, que tiene varios jameos –cueva natural producida por el hundimiento del techo–. La colada se bifurca y se desplaza hacia la costa sobre lenguas anteriores, sin arrasar nuevo terreno. El río de roca fundida que surgió el sábado al oeste de Montaña del Cogote alcanzó ayer el litoral en la zona de Las Hoyas y se ha derramado sobre la isla baja, sin alcanzar todavía el mar. La superficie afectada por el paso del material volcánico no se ha actualizado y se mantiene en 1.155 hectáreas, lo mismo que los deltas lávicos, que suman 48,03 hectáreas, y la anchura entre coladas, que es de 3.350 metros.

El comité científico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca) confirmó ayer la presencia de grietas y fracturas en la parte superior del cono secundario. Estas fisuras podrían producir desprendimientos y colapsos hacia el interior del cráter, aunque de momento "no parecen comprometer la estabilidad del edificio al afectar solo a la parte superior del centro de emisión, que tiene algunos pulsos esporádicos", apuntó la vulcanóloga del Instituto Geográfico Nacional (IGN), Carmen López.

La sismicidad intermedia se estabiliza en nivel bajo y se mantiene en las mismas áreas. Los sismos a más de 20 kilómetros se encuentran en valores muy bajos, al igual que el tremor volcánico, que se sitúa en niveles medios y bajos y con menor variabilidad. En la última jornada (entre las 20 horas del domingo y las 20 horas de ayer) se constataron 27 terremotos en La Palma. El movimiento sísmico más destacado fue de 3,9 y se registró a las 23.57 horas, a 14 metros de profundidad, con epicentro en Fuencaliente.

Otro de los indicadores que dan pistas sobre lo que ocurre dentro del volcán es la deformación del terreno y, en las últimas horas, este parámetro está estable, con una ligera deflación en una de las estaciones más alejadas del centro eruptivo.

La calidad del aire se sitúa en niveles buenos y razonablemente buenos en cuanto al dióxido de azufre. La presencia de partículas menores de diez micras (PM10) se mantiene en niveles buenos y regulares. A partir de hoy se esperan precipitaciones leves y la entrada de una masa de aire sahariano que podría aumentar los valores de PM10. La tasa de emisión de SO2 (dióxido de azufre) es alta pero con tendencia descendente mientras que la emisión de dióxido de carbono (CO2) es estable, con más de seis veces de promedio de niveles de fondo. Según López, el penacho volcánico se orienta hacia el oeste y el noroeste, lo que es positivo para la operatividad del aeropuerto de La Palma.

La altura de la nube de ceniza medida ayer alcanzó los 2.500 metros, según el comité científico del Pevolca. El cono volcánico ha alcanzado los 1.124 metros de altitud.

Desde el Pevolca señalaron que ayer bajaron los valores peligrosos de los gases tóxicos salvo en Puerto Naos y La Bombilla, enclaves a los que no se pudo acceder durante la jornada ni para el riego de plantaciones ni para retirar enseres personales de las viviendas.

En cuanto a los daños en infraestructuras, según la última actualización del Catastro, que corresponde al día 1 de diciembre, el número de edificaciones afectas en La Palma por el avance de la lava es de 1.562, de las cuales 1.250 son de uso residencia, 173 agrícola, 71 industrial, 37 de ocio y hostelería, 15 de uso público y 16 de otros usos. Si bien estas cifras se tienen que revisar hoy, porque a lo largo del fin de semana se han generado nuevas coladas que han transitado sobre suelo nuevo y han arrasado más viviendas. Por otra parte, según los últimos datos captados el domingo por los satélites del programa de vigilancia terrestre de la Unión Europea Copernicus la cifra de construcciones devastadas es de 2.897, de las cuales 2.771 estarían destruidas en su totalidad y 126 parcialmente afectadas o en situación de riesgo. No obstante, las imágenes satelitales no discriminan entre las construcciones en uso y aquellas que están abandonadas, en mal estado o inacabadas, por lo que hay que cruzar los datos con los del Catastro.

El número de personas albergadas se eleva hasta las 556, de las que 410 están alojadas en un hotel de Fuencaliente, 71 en otro establecimiento turístico de Los Llanos de Aridane y 75 en Los Cancajos, además 43 personas dependientes que están siendo atendidas en diferentes centros sociosanitarios de la isla.

Ante la alta afluencia de visitantes a la isla durante el puente, el portavoz del comité técnico, Miguel Ángel Morcuende, pidió precaución a la población y recordó la importancia de ir protegidos durante las noches con elementos de alta visibilidad, como chalecos reflectantes, para prevenir accidentes, especialmente en los miradores de Tajuya y El Time.

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