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El Periódico Mediterráneo

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Crisis del coronavirus

La burbuja perfecta: el pueblo asturiano que no tiene casos covid desde el pasado marzo

Unos vecinos de Yernes y Tameza achacan la situación al aire puro y bastante frío de estos días, otros al aislamiento y las precauciones: “Aquí no llega ni el virus”

José Ramón Alonso y su mujer, María García López, palotiando un terreno a la entrada de Yernes.

A Yernes y Tameza (Asturias) se le acumulan las buenas noticias en los últimos tiempos. El próximo mes de agosto, una de las etapas de la Vuelta a España finalizará en el colláu Fancuaya, todo un hito que pone al concejo en el mapa, y que atraerá sin duda a numerosos visitantes. Pero es que además es el único municipio asturiano que se libra del covid-19 desde marzo del año pasado, toda una proeza teniendo en cuenta la desaforada expansión de la sexta ola. La alcaldesa, María Díaz Fidalgo, cruza los dedos: “Esperemos que sigamos así”. Y los vecinos dan las justificaciones más peregrinas para explicar este fenómeno, desde lo puro que es, sin duda, el aire por estos lares –y además bastante frío estos días de heladas– hasta el aislamiento, sin olvidar las obvias precauciones que llevan adoptando en los dos últimos años, pese lo difícil que es encontrar en estos pueblos a alguien que lleve mascarilla.

Claro que hay que hacer alguna matización. Yernes y Tameza tiene una población oficial de 128 habitantes, pero muchos de ellos tienen residencia en otros concejos. Es el caso de Iván Fernández Álvarez, censado en Tameza, quien asegura que ha pasado el covid, pero su caso se ha contabilizado con toda seguridad en Grado, donde también tiene una vivienda y su centro de salud. “Aquí no llega ni el coronavirus”, sostiene Fernández, que achaca el nulo impacto de la enfermedad al aislamiento de este concejo enclavado entre montañas en la zona alta del río Cubia.

Un aislamiento que movió a algunas personas a buscar refugio en Yernes desde el principio de la pandemia para evitar contagiarse. Es el caso del matrimonio formado por los gijoneses José Ramón Alonso y María García López, él jubilado de Ensidesa de 83 años, ella de algunos años menos. “Cuando empezó todo vinimos aquí durante ocho meses, estuvimos sin mascarilla y no cogimos ni un catarro”, cuenta María García, mientras palotiaba con su marido un terreno para plantar berzas, patatas y cebollas. “Aquí hay mucha naturaleza y respiramos aire puro”, añade María García.

Todos vacunados

Es como si Yernes y Tameza fuese una Shangri-La libre de virus. “Hay menos densidad de población y es más difícil contraer el virus”, cree Olvido López, que vive con su marido Clemente Suárez en Yernes, felices estos días con la visita de su hija Cristina con su bebé de mes y medio Mía. “Estamos todos vacunados y hay más distancia entre la gente. Si bajamos a Grado vamos con mascarilla y es más difícil coger la enfermedad”, indica Olvido López. Ella y su marido, que tienen residencia también en Grado, se refugiaron en Yernes cuando estalló la pandemia.

Sus vecinos, José Manuel Patallo, padre e hijo, que están ahumando estos días una buena cantidad de chorizos procedente de tres gochos, creen que en Yernes “hay menos gente y hay menos posibilidades de coger el virus”.

José Manuel Patallo, de pie, con su hijo José Manuel y su perro “Juguete”. Irma Collín

Lo mismo asegura la alcaldesa, María Díaz Fidalgo (PSOE). “El concejo está más aislado, hay menos gente, y además, se toman muchas precauciones. En la calle no estás con mascarilla, pero mantienes la distancia, guardas todas las medidas”, explica la primera edil. Además, “no sales como antes, y si sales a hacer la compra a Grado, la haces para todo un mes”. La clave, indicó la regidora, es “no exponernos”, aunque también admitió que la “propia naturaleza” protege a los vecinos de este afortunado municipio.

Llegada de visitantes

En Yernes está el único bar del concejo, que regenta Joana López Mora. Es el lugar donde se reúne buena parte de los vecinos, a partir del mediodía para tomar el vermú. En la mayor parte de las ocasiones no se usa la mascarilla, porque se trata de personas “que forman parte de una burbuja”.

Dos de sus clientes son Miguel Ángel Fernández y Tatiana Pérez, que viven en Oviedo, pero tienen una cabaña en la sierra por encima de Yernes a la que acuden los fines de semana. “En Yernes hay mucha gente mayor que no baja a Grado. Hubo unos pocos casos en la primera ola”, dice Tatiana Pérez. Y Miguel Ángel Fernández apela a las condiciones meteorológicas. “Llevamos tres días en la cabaña y la temperatura no sube de cero grados”, indica Fernández, remarcando que esa baja temperatura quizá mate el virus.

Tatiana Pérez, Miguel Ángel Fernández, Fernando García y Joana López Mora, en el bar de esta última en Yernes. Irma Collín

Después de que se levantase la mano en la pandemia, los vecinos de este concejo se encontraron con mucha gente caminando por el monte. “Estábamos deseando que abriesen Parque Principado para que dejase de venir la gente por aquí”, asegura Tatiana Pérez. En una ocasión, en pleno confinamiento, se encontraron incluso con un grupo de diez vascos en la sierra por encima del pueblo.

Los vecinos aseguran que están todos vacunados, pero al parecer hay un negacionista que reside en Tameza. “Se niega a vacunarse, dice que nos inoculan un chip”, asegura su vecino José Antonio García Fernández, que tuvo, por otro lado, grandes dificultades para vacunarse. Y es que le enviaban un mensaje al móvil y él no sabía interpretarlo. Después no era capaz de conectar con los servicios sanitarios, un problema bastante habitual, y no solo en la zona rural. Finalmente, este ganadero retirado desde 2015, con ayuda de un vecino, pudo recibir la vacuna.

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