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Brecha digital

Las dependencias digitales de la gente mayor: "Sentimos que se nos hace luz de gas"

La personas mayores se enfrentan a un nuevo mundo, imperiosamente tecnológico, lleno de códigos que les dejan incomunicados. Una brecha digital que lastima su autonomía y autoestima

Mayores siendo atendidos por personal de una entidad financiera en un cajero en Santa Coloma de Gramenet. Joan Cortadellas

"La telesociedad está avanzando a costa de nuestra humanidad". "Te ves condenado al ostracismo, como si te quisieran apartar de la sociedad". "Alguien que se encuentra fracasando día sí y día también en este mundo tecnológico se erosiona mucho". "Nos sentimos como si nos estuvieran haciendo luz de gas". "Son tiempos difíciles para la gente mayor".

Todos ellos son malestares y reflexiones de personas de más de 70 años que se han visto forzadas a convivir en un entorno que cada vez les coloca más barreras en su camino. Vallas insuperables en muchos casos para poder realizar acciones necesarias en su día a día: desde retirar dinero de un cajero hasta poder dialogar sin barreras con su médico de referencia. 

Lamentos nacidos a raíz de un entorno nuevo, imperiosamente tecnológico, que no existía hace apenas unos años y que les desplaza al lado incomunicado de la brecha digital. Un mundo plagado de nuevas dependencias que ya está aquí.

Se estima que la pandemia ha acelerado entre 5 y 8 años la digitalización

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Según cuenta Lucía Velasco, economista y autora de '¿Te va a sustituir un algoritmo?', se estima que la pandemia ha acelerado entre 5 y 8 años estos cambios tecnológicos. "En muchos casos la digitalización se hace sin tener en cuenta a los usuarios, ni tampoco sus circunstancias. En gran parte no se ha contemplado la posibilidad de que haya personas que no quieran o no puedan ser digitales", expone Velasco. 

"Se está haciendo la digitalización sin tener en cuenta a los usuarios"

Lucía Velasco - Economista

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En las últimas semanas, Carlos San Juan, médico jubilado de 78 años de València, ha librado un pulso al sector bancario con la campaña 'Soy mayor, no idiota', un lema elocuente con el que protestaba por la falta de atención humana en los bancos. El cajero automático es visto por muchos mayores como un "monstruo" al que deben domar, si es posible. San Juan se pone como ejemplo: "Yo tengo Párkinson y una transferencia no la puedo hacer porque tecleo mal un número y estoy perdido".

Carlos San Juan, médico jubilado e impulsor de 'Soy mayor, no idiota'. Germán Caballero

Teresa Franco, de 75 años y miembro de SOS Gent Gran en Santa Coloma de Gramanet, hace un relato casi exacto y describe la "inseguridad paralizante" que siente al enfrentarse a esta misma acción. "Ir al banco a hacer pequeñas gestiones se ha convertido en algo angustioso para mucha gente", añade Franco. 

"La telesociedad avanza a costa de nuestra humanidad: nuestras dependencias y malestares se agravan"

Monte Milà

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‘Soy mayor, no idiota’

La misión de la campaña 'Soy mayor, no idiota' –con más de 600.000 firmas digitales– parece haber llegado a buen puerto, pues entidades financieras están ampliando su horario de atención personal. También la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, se comprometió a presentar un plan por un trato "más humano" en los bancos.

Hasta ahora, con horarios reducidos (de 8 a 11 horas en muchos casos), las colas de ancianos en las entidades financieras eran paisaje habitual a primera hora de la mañana. El cierre de oficinas y el recorte de personal, al calor de las fusiones bancarias, han penalizado el trato humano. "Decisiones tomadas para abaratar costes", zanja San Juan, que recuerda que, mientras tanto, los bancos comunicaban "beneficios impresionantes".

"Se ha excluido al mayor, no somos rentables"

Carlos San Juan

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El pulso a la banca es el ejemplo más gráfico de estas nuevas dependencias digitales, que van mucho más allá y que muestran "una falta de humanidad total". "Se ha excluido al mayor, manejamos poco dinero, no somos rentables", sentencia San Juan. A él –cuenta– le dijeron un día que volviese acompañado de alguien para ayudarle en los trámites que quería realizar. "No hay nada más humillante para una persona mayor que que te digan eso, como si fueras un niño pequeño", sentencia.

"Llorar frente al cajero"

Coincide totalmente con él Llorenç Guasch, de 72 años y miembro de la agrupación Iaioflautes Garraf y de la Marea Pensionista del Baix Penedès: "Usan la excusa de la informática para mantener a raya a aquellas personas que les interesan menos. He visto llorar a gente frente al cajero porque no sabían qué hacer". 

Llorenç Barba, de Iaioflautes Garraf, en la puerta del CAP de Manresa. Óscar Bayona

Guasch, que con las agrupaciones citadas ha llevado la lucha de los mayores contra los bancos a decenas de ayuntamientos catalanes, da otro ejemplo revelador vivido en primera persona. Se acercó dos días consecutivos a una oficina de Vilanova i la Geltrú –donde reside– cinco minutos más tarde de la hora de atención al cliente. La primera vez quería que le ayudaran con la libreta. Portazo. La segunda preguntaba por una hipoteca inversa. Puertas abiertas de par en par y alfombra roja. Y hasta algún caramelo.

Es indudable que la brecha digital deja desamparados a los mayores no solo por falta de cultura tecnológica, también de recursos, ya que muchos no pueden afrontar los gastos que suponen los dispositivos y las cuotas de internet. Y más allá del bancario, el apagón tecnológico alcanza otros muchos ámbitos, un error de cálculo de gobernantes y dirigentes, ya que en España hay más de siete millones de personas de más de 70 años. Así lo cree Anna Freixas, psicóloga y autora de 'Yo, vieja': "La sociedad no está controlando la fuerza que podemos tener. Somos muchos, tenemos muchos votos. El problema lo tienen ellos, no nosotros". 

"Son tiempos difíciles para la gente mayor"

Inés Sánchez - SOS Gent Gran

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Para Freixas, de 75 años, dejar de lado a los mayores solo se entiende por la "estupidez de la gente que cree que, como ellos lo pueden resolver o tienen quien se lo resuelve, piensan que no existen otras personas en el mundo". Desde su experiencia dando talleres de informática a personas mayores hace un apunte: "Las mujeres van como un rayo en comparación con los hombres. Entre otras cosas, porque no se nos caen los anillos por preguntar, no hemos sido educadas con el honor".

Tan solo el 9,8% de los españoles de más de 75 años han utilizado internet para concertar citas con el médico en los últimos tres meses

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De la sanidad a la cultura

La tecnología penaliza también en sectores como la sanidad o la cultura. En el primero, de vital importancia para las personas mayores, han notado una pérdida de cercanía respecto a su médico de cabecera.

Teresa Franco, de SOS Gent Gran en un cajero, en Santa Coloma de Gramenet. Joan Cortadellas

En plena crisis del covid y arrastrando los recortes de la anterior crisis, la aplicación La Meva Salut tampoco les facilita en absoluto la vida. "La gente mayor suele tener dificultades para moverse por ella y, por ejemplo, para escribir y sintetizar exactamente lo que les pasa –expone Montse Milà (77 años), extrabajadora de la histórica fábrica La Maquinista e integrante de la comisión de Salut del Poblenou–. Además, las horas con tu doctor o doctora a menudo te las dan a semanas vista y el personal de urgencias no te conoce: nosotros queremos ser atendidos por sanitarios que sepan nuestra historia, porque son los que también pueden detectar maltratos o malestares ocultos". Según una encuesta del INE, tan solo el 9,8% de los españoles de más de 75 años han utilizado internet para concertar citas con el médico en los últimos tres meses.

"Podemos sentir una inseguridad paralizante al hacer una transferencia"

Teresa Franco - SOS Gent Gran Gramenet

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"Para nosotros es básica la relación directa con el médico. A veces, la persona mayor solo quiere que la escuches", añade Inés Sánchez, de 72 años y miembro de SOS Gent Gran en Santa Coloma de Gramenet.

Montse Milà, histórica activista del Poblenou. Joan Cortadellas

La brecha es la pandemia

En el caso de la cultura y el ocio, la venta online de las entradas les coloca en el último puesto de las colas de compra. "Si se entiende la cultura como un derecho, las entradas telemáticas son un gran obstáculo. La tecnología, como está planteada, agrava nuestras dependencias y malestares", comenta Milà, que en 2019 recibió la Medalla d’Honor de Barcelona por su implicación en las vida asociativa en el Poblenou. Por todo ello, los mayores reclaman –en palabras de Inés Sánchez– "una política pública a todos los niveles» para regular la telesociedad. "Después de casi una década sin brújula en la materia", añade la economista Lucía Velasco, ahora existe una agenda en la materia: España Digital 2025.  

"Te erosiona mucho fracasar día sí día también en el mundo tecnológico"

Llorenç Barba - Iaioflautes Garraf

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En este sentido, Velasco considera que "vamos descubriendo nuevas aristas a medida que profundizamos en el estudio de los impactos de la digitalización. Lo importante es que prevalezcan las personas sobre las máquinas". Y añade: "Es fundamental gobernar la digitalización para que no responda a los intereses de unas pocas empresas que ahora dominan el mercado y que, en muchos casos, condicionan nuestros hábitos tecnológicos".

En muchos casos, la gente mayor acaba dependiendo también de familiares para poder acceder al ocio o realizar cualquier trámite. Terrorífico y exasperante para muchos, por ejemplo, es el insidioso robot que atiende al otro lado del teléfono. Jubilados y máquinas no hablan el mismo idioma. "Acabas contando el problema 20 veces y siempre tienes la misma respuesta: ‘No le he entendido, hable más claro’", denuncia Franco.  

"En la carrera por ser los primeros se olvidasu impacto sobre la brecha digital"

Gemma Galdón

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Es indudable que la pandemia ha abierto aún más la brecha digital a todos los niveles. Como cuenta Gemma Galdón, investigadora especializada en seguridad en internet, "los sistemas de inteligencia artificial suelen tener los mismos sesgos que la sociedad que los genera". "El uso de nuevas tecnologías implica un esfuerzo de aprendizaje y adaptación que no todo el mundo está en condiciones de realizar, por motivos de renta, edad o posibilidades. Además, existe una verdadera fiebre digitalizadora que hace que fabricantes e implementadores olviden estos factores, y en la carrera por ser los primeros en implementar sistemas tecnológicos olvidan su impacto sobre la brecha digital", sentencia. 

Galdón considera, sin embargo, que los sesgos que discriminan a los mayores se pueden subsanar. "Los sistemas que deben usar los mayores se pueden mejorar para incorporar sus necesidades y posibilidades, y las políticas tecnológicas pueden incorporar análisis de impacto en brecha digital para reconciliar los avances tecnológicos con las necesidades sociales. Solo hace falta que esto sea prioritario", zanja la experta.

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