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El Periódico Mediterráneo

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Cumbre Vieja

Cien días después del silencio del volcán en La Palma

El volcán duerme, pero de su interior emanan aún gases nocivos que impiden el regreso de los vecinos | Los científicos no descartan nuevas reactivaciones sísmicas

El volcán de La Palma con una intensa desgasificación desde su cráter principal.

El volcán de La Palma se durmió el 13 de diciembre pero sigue vivo. El magma a más de 1.000 grados de temperatura que se remueve sus entrañas provoca pequeños seísmos y la desgasificación continua de dióxido de carbono afecta al regreso de los vecinos del litoral. Mientras tanto, los desplazados piden soluciones más rápidas para no ahondar más en la brecha social y económica que la erupción ha generado en toda la Isla.

Cien días después del silencio del volcán en La Palma. El 13 de diciembre las entrañas del volcán de La Palma dejaron de latir. Su silencio rotundo, después de varios coletazos de actividad feroz, dejó en vilo a científicos, administraciones y la población. El volcán dejó de emitir lava y cenizas, también dejó de gruñir, pero no era la primera vez que lo hacía en tres meses de erupción, y en el recuerdo colectivo de los palmeros aún imperaba el fantasma de un regreso aún más destructivo. Cien días han pasado desde aquello, pero el silencio del volcán no ha supuesto el fin de la emergencia social y económica que La Palma arrastra.  

Cien días después de aquello, los científicos siguen monitorizando de cerca los gases nocivos que emanan de su cono y los pequeños movimientos sísmicos que ocurren a poca profundidad. También se ha puesto en marcha el plan de reconstrucción para diagnosticar la nueva orografía, determinar los nuevos peligros que acechan y diseñar así la nueva vertiente oeste de La Palma. Pero todas las soluciones son demasiado lentas para gran parte de las más de 7.000 personas que han tenido que dejar atrás su pasado, presente y futuro.  

El volcán

Aunque ya está dormido, en el interior del volcán de Cumbre Vieja aún corren pequeños ríos de magma incandescente a más de 1.000 grados, lo que provoca una pequeña actividad sísmica y una desgasificación continua tanto en el cono como en algunas zonas del litoral palmero. Los científicos han aprovechado la calma que les ha brindado el volcán durante estos cien días para hacer lo que no pudieron durante la erupción: desplegar alrededor del cráter, a 1.120 metros de altura sobre el nivel de mar, una red de vigilancia para medir diferentes características del proceso. 

Así, el Instituto Geográfico Nacional (IGN), responsable de la vigilancia volcánica en las Islas, ha desplegado una estación multigas, perfiles verticales para conocer la temperatura en profundidad, líneas de potencial espontáneo con el que medir la corriente que genera el movimiento de los fluidos y una estación meteorológica complementaria. Además, se tiene previsto instalar un magnetómetro con el que se podrá saber si el campo magnético de la zona ha variado y cómo. Esto último tiene un valor eminentemente científico, dado que en el volcán Tagoro (El Hierro), "estábamos tan lejos de la zona que no se pudo medir bien", resalta la directora del IGN en Canarias, María José Blanco. 

Por su parte, el Involcan se ha centrado en medir la desgasificación tanto en la zona del penacho volcánico como en el pueblo pesquero de La Bombilla. En las últimas semanas también ha instalado una red sísmica temporal en los alrededores del edificio volcánico para caracterizar los movimientos sísmicos cercanos en el volcán, dado que son tan pequeños que apenas se pueden identificar correctamente con las ya existentes. El Instituto Geológico y Minero de España (IGME), por su parte, mide la temperatura de las coladas y toma datos sobre su composición. 

El problema del gas

En estos cien días no ha sido raro encontrar el cráter cubierto por un fino manto de gases de un color blanquecino (por estar compuestos de vapor de agua), que emanan de su interior. La desgasificación no se ha detenido apenas un instante desde que el volcán entró en erupción, y esta última etapa posteruptiva, a ojos de la directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN), María José Blanco, en algunas ocasiones llega a ser "muy potente". En esta nueva fase, el dióxido de carbono (CO2) y una pequeña parte de oxígeno (O2) se están colando hasta la zona del litoral, aquella que se ha visto separada del resto de Los Llanos de Aridane por una inmensa colada de lava. Esto afecta concretamente a las localidades de La Bombilla y Puerto Naos donde los sensores de CO2 han llegado a su límite de saturación en diversas ocasiones desde que terminó la erupción. 

Los científicos aún desconocen cuál es el motivo real que ocasiona la afección específica a estos pueblos. Las hipótesis que se manejan es que las vías preferenciales por las que antes se emitían pequeñas cantidades de CO2 hayan sido tapadas por las coladas de lava o que la topografía del delta lávico facilite el escape de este gas nocivo. 

El volcán se asienta

Poco después de que el tremor volcánico cesara –el ruido de fondo que caracterizó los días y las noches de los palmeros durante los 85 días de erupción–, las redes sísmicas empezaron a encontrar pequeños movimientos en el entorno de Cumbre Vieja. Como explica Involcan, muchos de estos eventos no son terremotos, "sino los conocidos como eventos de largo periodo". En este volcán están relacionados con el proceso de desgasificación que tiene su origen en el enfriamiento del magma del reservorio magmático. El volcán se encuentra, como describe Blanco, en "fase de asentamiento" caracterizado por una sismicidad superficial e intermedia (de 1 a 16 kilómetros) de baja magnitud (entre 1 y 2 mbLg) y "que no está siendo sentida por la población". Los científicos no descartan, sin embargo, reactivaciones sísmicas que pudieran dar lugar a terremotos más fuertes y sentidos así como deformaciones importantes. "Es lo que ocurrió en El Hierro", rememora Blanco. El proceso eruptivo del volcán Tagoro se dio por finalizado en marzo de 2012, y desde entonces "tuvo seis reactivaciones sísmicas". 

Afectados aún desplazados

Cien días han pasado desde que el volcán dejó de rugir, pero son muchos los que aún no han podido volver a sus casas y, mucho menos, rehacer sus vidas. Las ayudas de alquiler no han llegado en tiempo y forma –se encuentran aún en trámite– y las viviendas provisionales prometidas tampoco han sido para todos. Una parte de los más de 7.000 evacuados durante la erupción sigue, tres meses después, viviendo de prestado. Habitaciones libres de amigos o familiares, garajes reacondicionados o, incluso, caravanas han sido, desde hace medio año, el refugio de personas que hoy se ven "cerca de la indigencia", como resaltó Alberto Hernández, de la iniciativa de apoyo ciudadano, en una comisión parlamentaria celebrada la pasada semana. Los vecinos piden buscar todas las alternativas posibles para poder acelerar el Plan de Reconstrucción así como información más concreta para poder hacer frente a su propio futuro. 

Una isla nueva

Desde el minuto en el que el volcán dejó de rugir, el Gobierno de Canarias se puso en marcha para recuperar la vertiente oeste de la isla, tanto desde el punto de vista territorial, como de empleo y de vivienda. La empresa pública Gesplan es la que está coordinando las acciones en este sentido. Por un lado, el Plan Extraordinario de Empleo y Formación, dotado de 24,5 millones, ha supuesto la contratación de 865 personas hasta finales de año. Estos nuevos trabajadores, "en estos momentos están centrados en labores relacionadas con la limpieza de la ceniza"; como destaca el consejero delegado de Gesplan, Agoney Piñero. También se está realizando una evaluación del nuevo terreno, en el Marco Territorial Para la Recuperación de La Palma. "Para ello, se ha conformado un equipo multidisciplinar, compuesto por una veintena de personas de diferente perfil profesional (arquitectos, ingenieros, geógrafos, economistas, o sociólogos) que se encargan de trabajar de la mano de Consejería, Gestur y Grafcan", resalta. En estos momentos, el equipo está realizando una nueva evaluación de los riesgos del terreno para diseñar lo que podría ser la futura ordenación de esta nueva zona de la isla. Por su parte, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (Mitma) abordará mediante una declaración de emergencia la nueva carretera de unos 5,5 kilómetros de longitud entre Puerto Naos y Tazacorte que permitirá conectar de nuevo las zonas aisladas.

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