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Solidaridad

“Creamos brazos impresos en 3D de superhéroes para los niños”

Guillermo Martínez, director de Ayúdame 3D, insta a los que le escuchan a "ser feliz con lo que tienes"

Guillermo Martínez, en una charla.

En 2017, Guillermo Martínez acababa de finalizar la carrera de Organización Industrial y se sentía desorientado. “Tras muchos años esforzándome, no podía más”, reconoce. Decidió entonces transformar aquellos juguetes que ideaba de niño en auténticos salvavidas. Con solo 22 años, ya había creado el primer brazo impreso en 3D para una persona sin codo. Y este viernes contará su experiencia en un congreso en A Coruña.

¿Usted vive de su sueño?

Sí, vivo de lo que más me gusta que es la impresión 3D en la que empecé muy joven. Para mí fue un punto de inflexión comprobar que podía ayudar a los demás con esta tecnología. También es un sueño contar con un equipo maravilloso con la ONG Ayúdame 3D— que Guillermo dirige— con el que crecemos cada vez más.

Todo empieza con sus dibujos desde pequeño.

Desde pequeñito me gustaba mucho dibujar, diseñar y crear mis propios juguetes, ser el mayor inventor. Tenía curiosidad y capacidad para hacer esto: mejoraba mis juguetes para divertirme más, diseñaba robots que me hacían la cama, otros para ayudar a la familia en las tareas de casa. Quería ya solucionar los problemas del día a día. Y al final convertí en realidad el sueño de tener en el futuro una máquina que fabricaba estas cosas: la impresión 3D desde mi propia habitación.

¿Cómo nació su motivación de crear el primer brazo?

Quería usar la impresión 3D para ayudar a los demás y comprobé que existe un hándicap en el mundo: hay 100 millones de personas que necesitan ayuda por tener brazos amputados u otra discapacidad física. Y quería resolverlo de alguna forma a través de un dispositivo 3D.

Tan importante como la propia prótesis es su carácter gratuito.

Mi primera entrega fue en Kenia, a donde ya viajé con una maleta con brazos para cinco personas. No me entraba en la cabeza que tuviera que cobrarlos y decidí que siempre sería así. Tanto en España como en Latinoamérica, en cualquier sitio es gratis porque esas personas no se lo pueden permitir.

¿Cómo funciona este dispositivo llamado Trésdesis?

Este dispositivo de brazo en impresión 3D tiene un sencillo mecanismo de hilos o gomas para abrir y cerrar la mano. Ayuda a mejorar la calidad de vida: los adultos consiguen así mejores trabajos y los niños pueden ir al cole sin problemas de accesibilidad.

¿Cuántos brazos 3D han realizado ya?

Estamos ya en 55 países, cada año realizamos 350 dispositivos para estas personas. En 2017 creamos 14, al año siguiente 50, al tercero ya íbamos por más de 100.

Su ONG Ayúdame 3D realiza ese reparto en 55 países. ¿Cómo es el proceso?

Cuando las personas nos escriben o localizamos a las que tienen esas necesidades, tomamos las medidas a través de fotos o vídeos sin ser presencial. Hacemos así un brazo 100% personalizado desde la oficina de Madrid con un equipo de seis personas, pero también tenemos una red de más de 100 voluntarios por España con impresoras 3D que colaboran altruistamente. Cada brazo tiene 20 días de fabricación, se realiza el envío directo. Y también se mandan tutoriales con vídeos para el soporte técnico por WhatsApp, además de un seguimiento mensual para comprobar el funcionamiento.

¿Por qué esos primeros brazos 3D llegaron a Kenia?

En un principio el viaje era para conocer la cultura y la naturaleza de Kenia, pero además íbamos a un orfanato. Quería desconectar de la universidad y realizar voluntariado, pero decidí algo más para cambiar la vida de esas gentes. No solo formar juguetes con impresión 3D sino investigar. Ya se habían hecho manos con esta técnica, pero no brazos completos. El proyecto nació a ciegas a partir de unas fotos, metí los brazos en una maleta y funcionaron.

¿Cómo fue la reacción de la primera persona a la que le puso una Trésdesis y qué sintió usted?

Fue muy emocionante, yo estaba súper nervioso por dar esa ilusión y comprobar que funcionaba: era una responsabilidad. La primera se la coloqué a Philip: un profesor de Primaria que se puso muy contento. A los diez minutos comprobamos que funcionaba perfectamente, sentí alivio y una felicidad increíble. Philip estaba muy emocionado porque su vida cambiaría drásticamente, podría coger la tiza y el libro a la vez al dar sus clases. Al año siguiente volví a Kenia y estuve con él comiendo en el orfanato. Me confirmó que el dispositivo era esencial en su vida, podía comer o vestirse sin necesidad de su mujer o sus hermanos. Ha sido maravilloso que Philip se convierta en nuestro embajador.

¿En qué circunstancias se encuentran los usuarios de Trésdesis?

Kenia es un país de renta baja con muchos accidentes laborales. Otros usuarios necesitan nuevos brazos por las secuelas de la elevada violencia machista, accidentes de tráfico, malformaciones por falta de atención de la sanidad pública. En España trabajamos con niños y niñas de familias que no se pueden permitir una prótesis, les hacemos brazos de superhéroes o princesas, lo que quieran, para adaptarse cuando dan el estirón. Para usuarios de 70 u 80 años las prótesis tradicionales suelen pesar cinco kilos y nosotros les hacemos brazos 3D de solo 500 gramos, más ligeros.

¿En qué otros proyectos trabaja? Se diversificó en la pandemia.

En la pandemia paramos la producción e hicimos más de 20.000 máscaras para trabajadores sanitarios, antes de que existiesen las mascarillas. Con nosotros colaboró un laboratorio en Kenia, donde divulgamos tecnología para que ese país se empodere. Ahora tenemos tres personas en investigación y desarrollo para nuevos dispositivos, por ejemplo para los que no tienen hombro. Cuando ayudamos a una persona a los dos meses salen diez que necesitan lo mismo.

¿Qué aprendió en estos años?

Aprendí que lo que importa es estar feliz con lo que tienes. Si tienes cualquier trabajo y no eres feliz, dale la vuelta a lo que haces. Busca lo que emocionalmente te mantenga estable. La felicidad no es tener un yate sino levantarte con ganas de estar con tu trabajo, tu familia y tus amigos.

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