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Una familia ucraniana llega a Gran Canaria tras recorrer 5.000 kilómetros en coche

Lilia Chorna y Pablo Chorny se marchan de Ucrania por el miedo a la guerra y las bombas al oeste del país | Buscan un futuro mejor y seguro para el bebé de seis meses y las niñas de 11 y 14 años

La familia ucraniana, el pasado lunes, en Las Remudas, en Telde.

Lilia Chorna, de 37 años, y su pareja Pablo Chorny, de 41 años, ambos naturales y vecinos de la ciudad de Ternópil, que se encuentra a unos 130 kilómetros de Leópolis, al oeste de Ucrania, decidieron huir de la guerra y de las bombas que ya habían comenzado a caer en esa parte del país, y venir a Gran Canaria, al municipio de Telde. La pareja huyó con el hijo de ambos, Matvii [Mateo] Chorny, de seis meses, con una hija de ella, Natalia Kravets, de 11 años, y con Sofía Dudar, de 14 años, sobrina de Lilia.

Este viaje supuso recorrer 5.120 kilómetros en coche y en barco, así como una semana de duración y algo más de 2.000 euros para cubrir los gastos. Los cinco salieron en coche desde Ternópil el domingo día 13 de marzo, atravesaron Polonia, Alemania, Francia y España, llegaron a Huelva, y desde allí en barco hasta Gran Canaria, el pasado domingo 20 de marzo.

La decisión fue marcharse antes de que fuera tarde, así como dejarlo todo y empezar una nueva vida en un lugar seguro y donde tener más garantías de un futuro mejor, en especial para las niñas y el bebé. La elección de esta Isla fue porque Lilia Chorna tiene a su hermano Yaroslav Manchón Artiles, de 41 años, residiendo en Gran Canaria desde hace unos 15, trabaja en mantenimiento de barcos, vive solo en su piso en la población teldense de Las Remudas, y aceptó la posibilidad de acoger a los cinco. 

"Está mi hermano en la Isla y, por supuesto, fue el motivo de venir aquí, pero también la elección fue por otras razones, como el buen clima, por el nivel y la calidad de vida y por lo acogedora que es la gente", declara Lilia Chorna, en ucraniano [con la traducción en español de su hermano].

Advertencias

A la hora de hablar sobre el por qué decidieron emprender el éxodo desde su país, Lilia Chona destaca que «tengo un amigo militar, que tiene a su familia a salvo en Italia, que me advirtió, me aconsejó que en un plazo máximo de quince horas tomara la decisión de marchar o no de la ciudad con la familia porque la situación iría a peor en el oeste de nuestro país, y así fue, con los bombardeos en Leópolis y el ataque a varias bases militares». 

"Encima hay una base militar importante a sólo cinco kilómetros de nuestra casa y teníamos claro que sería objetivo de los aviones rusos tarde o temprano. Está claro que es mucho más importante estar vivos que el dinero, la casa o cualquier cosa material", agrega Chorna.

"Mi hermano, el clima y lo acogedora que es la gente son los motivos para venir aquí", declara Lilia Chorna

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Respecto a cómo fueron los últimos días antes de salir de su ciudad hace dos domingos, la pareja resalta que «teníamos que ir con más frecuencia al refugio de nuestra casa al oír las sirenas de alerta. Allí estábamos tres o cuatro horas y con la luz apagada para no atraer a los aviones rusos». «Teníamos miedo. Temí que mi bebé se enfermase», resalta ella.

Además de dejar la casa de su propiedad, los gatos y otras cosas materiales, también sus trabajos, él de policía, y ella como jefa de un departamento de una fábrica de cervezas, se despidieron de un hermano, Stefan, y de los padres de ella, Yaroslav Dudar, de 67 años, y Lesia Dudar, de 60, y de otros familiares y amigos. Yaroslav Manchón tiene planeado ir en avión a Polonia para buscar a sus padres para regresar con ellos a Gran Canaria, aunque no sabe cuándo podrá hacerlo realidad. El progenitor tiene movilidad reducida porque tiene paralizado un 20 por ciento del cuerpo.

Recorrido

El domingo día 13 de marzo se marcharon los cinco de la casa de Ternópil en el coche de Pablo Chorny, de la marca Citroën e híbrido, lo que les hizo ahorrar combustible durante las largas colas. Sólo se llevaron algo de comida y ropa de abrigo porque el termómetro indicaba cinco grados bajo cero. Se fueron con lo puesto y con la intención de recorrer Europa, concretamente los 5.120 kilómetros de distancia hasta Gran Canaria. Con algo más de 2.000 euros pudieron hacer frente a muchos gastos durante el viaje, como el combustible del coche, comida, los peajes o los pasajes del barco. 

Yaroslav Manchón acoge en sus brazos a Matvii Chorny. JOSÉ CARLOS GUERRA

En ocasiones dormían en el vehículo, en otras en un hotel y un día en casa de un familiar que reside en Murcia. Los dos adultos sólo hablan ucraniano y ruso, y las niñas hablan ucraniano y estaban estudiando ruso. Lilia había comenzado a estudiar español hace años, pero ahora lo harán todos con más ganas y necesidad.

"El viaje fue bueno en líneas generales. No tuvimos contratiempos, ni rechazos de policías o soldados en las fronteras, de nadie. Al ver la matrícula del coche y nuestros pasaportes nos daban facilidades y nos atendían más rápidamente», afirma Pablo Chorny. "El peor momento fue el llegar a la frontera polaca", indica Lilia Chorna. Durante el largo viaje, esta familia hizo diez paradas largas. Los dos adultos condujeron, aunque en más ocasiones él que ella porque cada tres horas u hora y media, aproximadamente, daba de amamantar al bebé.

Larga espera

La primera parada fue en Leópolis (Lviv). La segunda fue en la ciudad ucraniana de Korkowets, poco antes de la frontera entre Ucrania y Polonia. La familia tardó más de diez horas en entrar en Polonia porque había una cola de vehículos de unos 20 kilómetros de largo. En tierras polacas los cinco circularon hasta Breslavia (Wroclaw), donde hicieron otra parada.

Tras pasar la frontera de Alemania, esta familia atravesó el sur del país con descansos en las ciudades de Dresde y Stuttgart, para después entrar en Francia por Alsacia y el río Rhin, y parar en Lyon. En España se detuvieron y descansaron en Barcelona, Valencia, Murcia y en Huelva, donde se subieron al barco en el que vinieron a Canarias.

La familia tardó más de diez horas en entrar en Polonia porque había una cola de vehículos de unos 20 kilómetros de largo

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En el buque de pasajeros recibieron otro gesto de generosidad de entre los que hubo durante y después del viaje. "Fuimos en el barco en el que el viaje era más barato. Solo pudimos coger cuatro butacas. Sin embargo, ya en el barco una mujer natural de Estonia, que hablaba varios idiomas, entre ellos el ruso, nos cedió uno de sus dos camarotes. Uno era para su hijo y el otro para ella. Se lo agradecimos mucho", expresa Pablo.

Además del reencuentro del domingo pasado con Yaroslav, estuvieron con dos amigos de su hermano, un matrimonio en el que ella es rusa y él español. También recibieron el primer día regalos, entre otros una cuna y un carrito, triple, para el bebé, de parte de vecinos y amigos. "Ahora estamos tranquilos, nos sentimos seguros al estar aquí y contentos porque las niñas y el bebé no escuchan bombas y están lejos del gran peligro que supone una guerra", manifiesta, aliviada, Lilia Chorny, quien señala que "estuvimos nerviosos durante el largo viaje que hemos hecho, sobre todo en nuestra frontera con Polonia y en las carreteras. Matvii lo estaba cuando circulábamos dentro de túneles. Igual porque no los hay en Ucrania [ríe]".

"En el barco una mujer de Estonia, que hablaba ruso, nos cedió uno de sus dos camarotes"

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Sin embargo, al mismo tiempo, están preocupados por sus padres y por los padres que aún están en Ucrania. Lilia compró en Polonia una tarjeta telefónica, gracias a la cual podía mandar breves mensajes a sus padres para indicar dónde estaban y cómo se encontraban en cada momento. Ya en la Isla conversan con normalidad a través del teléfono móvil.

Extranjería

El pasado martes estuvieron en Extranjería para comenzar los trámites para normalizar su situación. «Ya hemos empezado los trámites para mi hermana, cuñado y tres sobrinos. Todo bien. Todos los policías y funcionarios han sido muy amables y nos han facilitado las cosas. Ahora nos encargamos de hacer las copias de la documentación. Nos alegra que en los documentos que teníamos que rellenar está escrito ‘español / ucraniano', en vez de ‘español / ruso’, como ocurría antes", manifiesta Yaroslav. En cuanto tengan la residencia matricularán a las dos niñas en el instituto. Y el siguiente paso, buscar empleo porque «tenemos la clara idea de vivir aquí», dice Lilia Chorna.

Pablo Chorny no se quedó para luchar contra la invasión, a pesar de estar su edad dentro de la franja de 18 a 60 años, en la que es obligatorio. "Él está exento por tener tres hijos. El contar con tres o más hijos es uno de las pocas situaciones en la que te libras", señala Yaroslav.

Recibieron en Las Remudas regalos, entre otros una cuna y un carrito para el bebé de parte de vecinos y amigos

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Los tres adultos intentan no hablar de la guerra delante de los niños, que desean que "acabe cuanto antes". Los tres consideran que "el problema no está entre los ucranianos y los rusos, sino entre los políticos. Muchos de nuestro país tenemos familiares y amigos en Rusia, y a la inversa", afirman. "Por ejemplo, mi hermano Iván, ucraniano, se enamoró de una rusa cuando era joven, y están aún viviendo en Siberia. Eso sí, sus nietos residen en San Petersburgo, sobre todo porque no hace tanto frío como en Siberia", comenta Yaroslav.

«En Rusia cuentan muchas mentiras sobre lo que ocurre en Ucrania, y otras no las cuentan. Además, pienso que muchos rusos no saben lo que realmente está pasando en mi país. He estado y trabajado en Moscú, ciudad con todos los servicios y comodidades, como tener gas, luz, agua o contar con internet. En cambio, en muchas ciudades, como en la que también trabajé, a 200 kilómetros de la capital, sus poblaciones no tienen muchos servicios, como no tener internet. Por eso no están al corriente de lo que sucede», opina el hermano de Lilia.

Pablo, Yaroslav y Lilia consideran que el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski "hace muchas cosas bien, y se le respeta por eso, y por no haberse marchado a pesar de sus responsabilidades como presidente, que las está cumpliendo". A la hora de hablar cuánto podrá durar la guerra en Ucrania, Yaroslav Manchón afirma, con seguridad, que «yo creo que la duración será de un mes o dos porque a Rusia le están faltando armas y soldados. Por eso, se los ha pedido a Corea del Norte y a Siria, entre otros. Sin embargo, ningún país se quiere meter en una guerra, y menos mundial».

Desertar

"Además, he visto vídeos, que no se ven en Rusia, seguro, y es sobre los soldados rusos, especialmente entre los jóvenes entre 20 y 25 años, que desertan en tierras ucranianas. Dejan los tanques y demás vehículos en las carreteras llenas de nieve, y son los ucranianos y ucranianas de los pueblos cercanos los que sacan provecho del hierro, planchas y de todo lo que se pueda de los vehículos abandonados, para venderlo o utilizarlo porque muchos pasan hambre", asegura Yaroslav.

"Entonces, esos jóvenes que desertan se ocultan en los pueblos y se ofrecen como voluntarios para trabajar en lo que sea o ayudar en lo que puedan, ya que no quieren volver a su país por miedo y para evitar consecuencias peores por abandonar las tropas"., concluye.

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