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El Periódico Mediterráneo

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Entrevista

Iñaki Gabilondo: "Política y periodismo nos hemos hecho mucho daño por vivir demasiado pegados"

"Me interesa más saber qué dicen otros, yo ya me tengo muy visto" - "No sé si hay un giro a la derecha o cansancio por un tiempo que se ha agotado"

Iñaki Gabilondo posa ayer en el hotel Valparaíso para la entrevista concedida a este periódico. B. RAMON / JAUME BAUZÀ

El año pasado dijo adiós tras más de cinco décadas ante los micrófonos. Célebre voz e inspiración de varias generaciones de periodistas, visitó Palma invitado por el Cercle d’Economía para ofrecer una charla titulada 'Tiempo de estupor'.

¿Qué le causa estupor?

Unas cuantas cosas. No solo la guerra de Ucrania, también el proceso de globalización. O cómo está descuidándose la lucha contra el cambio climático. Cómo se pone en evidencia el riesgo terrible de que el agua y las semillas estén jugando en el mercado de la disputa financiera. La guerra por los big data y la guerra de poder que se libra en Internet, ese escenario de libertad que se ha convertido en el escenario de la mayor batalla contra la libertad.

¿Las sucesivas victorias electorales del PP en Madrid, Castilla y León y Andalucía anticipan la caída del Gobierno de Pedro Sánchez el año que viene?

Avisan de una tendencia claramente indicadora de un cambio de sino. Nunca se pueden extrapolar los datos de unas elecciones autonómicas a unas elecciones nacionales, pero hay un claro cambio de tendencia. Y es clarísimo no solo por los resultados en esas comunidades, sino también porque en Andalucía, donde el PP ganaba desde hace tiempo en las grandes ciudades, está ganando también en las ciudades más pequeñas. Son indicadores sociales muy relevantes. Y hay algo interesante: una victoria sin VOX permite al PP soñar con acuerdos que antes no podía. Por ejemplo con el PNV. Es un aviso de un cambio de tendencia, pero la política es como es y no me atrevo a vaticinar nada.

¿Hay razones para que España gire a la derecha?

Yo creo que sí. Pero no sé si es tanto un giro a la derecha como cansancio de un tiempo que se ha agotado. Desde que el partido socialista anunció su acuerdo con Podemos, habiendo eliminado al PP con la moción de censura, fue inmediatamente agredido con que llegaba un gobierno ilegítimo. Prácticamente no se le ha dado la oportunidad desde el primer minuto. Fíjese cómo es la política: algunas de las cosas positivas que ha hecho el Gobierno de coalición proceden de Podemos, como la reforma laboral o la subida del salario mínimo, pero no le ha puntuado. Las cosas anuncian un cierto cansancio, y eso pasa a menudo. No tanto como consecuencia de que se quieran otras políticas, sino porque se dan por cerrados episodios de la historia.

Ciudadanos va camino de desintegrarse y Podemos pierde votos en todas las elecciones. ¿Está volviendo el bipartidismo o siempre estuvo ahí?

El bipartidismo presentaba dos partidos que llegaron a tener el 90% de la Cámara. Y los otros partidos hubieran podido mantenerse mucho más fuertes si no hubieran soñado con un ‘sorpasso’ precipitado. A Podemos le hizo daño anunciar su vocación de ‘sorpassar’ al PSOE porque eso evidenció sus carencias. Y el caso de Albert Rivera es clamoroso porque su vocación de ‘sorpassar’ al PP le dejó prácticamente desnudo. Y VOX acaba de sufrir un disgusto grande por una excesiva expectativa, cuando Macarena Olona dijo en la campaña que no le importaría que Moreno Bonilla fuera su vicepresidente. No es que el bipartidismo haya vuelto; no ha vuelto. Pero los partidos más macizos, con una gran tradición y presencia local, han recuperado posiciones.

¿Polariza igual la izquierda que la derecha?  

Podríamos hablar de cien casos, y en unos polarizaría uno y en otros polarizaría otro. La polarización se ha consagrado y es muy irritante porque enfrenta posiciones radicalmente cuando nadie tiene recetas radicalmente ganadoras. Me llama la atención la seguridad con la que se exhiben planes que podrían ser perfectamente cuestionados o discutidos. Es muy interesante el tema de bajar o subir impuestos, pero que para uno sea seguro la solución y para otro seguro una catástrofe, me parece inexplicable. Ayudaría a la ciudadanía a hablar con menos rotundidad y a sumar inteligencias y humildad porque nadie tiene la receta. 

Lleva casi un año alejado de los medios. ¿Los echa de menos?

No, qué va.

¿No le habría gustado contar la guerra de Ucrania, por ejemplo?

Sí, no puedo evitarlo. Cuando ocurre algo automáticamente me imagino qué diría. Pero tengo la sensación de que he estado demasiado tiempo, de empacho, de haber abusado. Ya está bien.

En su día dijo que se había aburrido de sí mismo. ¿Por qué le sucedió?

Porque llevo 55 años. En octubre voy a cumplir 80 años. Estoy cansado y convencido de que el tiempo va a tan enorme velocidad que tengo más interés por saber qué dicen otros que lo que diga yo, que ya me tengo muy visto.

Usted era una especie de brújula para muchos. ¿Hoy tiene alguna brújula?

Siempre he tenido muchas brújulas. Por ejemplo, los periodistas que han estado en el centro de la acción informativa. El periodismo tiene mil especialidades, desde el que está en el frente de guerra hasta el que trata de contextualizar las cosas. Siempre he tenido como referencias a los testigos como Manu Leguineche o Gervasio [Sánchez]. 

¿Cómo se ve el periodismo desde fuera?

En un tiempo de estupor. Vive básicamente en pánico financiero y está moviéndose nervioso a la búsqueda de los caminos que le conduzcan a la solución a sus angustias financieras. Buscando modelos y tratando de colocarse. Como por otra parte casi todo el mundo en casi todos los ámbitos.

También ha causado estupor un tuit del exdirector de El País, Antonio Caño: «Hace cuatro años intentamos evitar desde El País el pacto de Sánchez con populistas y separatistas porque creíamos que eso era malo para la izquierda y para España». ¿Esa es la misión de un periódico?

Me parece que no. El periodismo tiene un problema muy grande, y es que no ha terminado de entender su papel en la sociedad. Es como la metáfora de los erizos de Schopenhauer: dos erizos en un día helado tienen mucho frío, quieren aproximarse para darse calor, pero como se aproximen mucho se hieren. La política y el periodismo tienen que tener mucho cuidado con la búsqueda del punto exacto de aproximación. Y aquí hemos estado viviendo muchas veces demasiado pegados, haciéndonos mucho daño mutuamente, y creo que tenemos que estar más despegados.

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